El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad . Efesios 4:28.
Una persona puede ser muchas cosas, incluso ladrón, aunque muchas veces no lo reconozca. Cuando pensamos en un ladrón, normalmente imaginamos a alguien que asalta un banco con un arma. Pero esa es solo una forma extrema de robo.
La realidad es que existen muchas maneras más sutiles de robar.
Se puede robar tiempo al trabajo llegando deliberadamente tarde y considerarlo normal. Se puede robar al Estado cuando se evaden impuestos. Se puede robar al hermano cuando se practica la usura o se aprovecha de su necesidad. Existen muchas formas de robo que la sociedad tolera porque la naturaleza humana es egoísta.
Sin embargo, el creyente que ha nacido de nuevo en Cristo es una nueva criatura, creada por Dios para andar en buenas obras (Ef. 2:10). Por lo tanto, no vive buscando excusas para defraudar a otros. El cristiano no es como “Robin Hood”, que roba para regalar lo que no es suyo. El creyente entiende que lo que no le pertenece no debe tomarlo, sin importar el pretexto.
El mandamiento es claro: trabajar honestamente y compartir con los que tienen necesidad. Ese es el propósito que Dios desea para el fruto de nuestro trabajo.
La Escritura también nos recuerda que algunos de nosotros en otro tiempo practicábamos pecados como estos, pero hemos sido lavados y santificados por el Espíritu Santo (1 Co. 6:11). Por eso, el tiempo pasado ya fue suficiente para haber vivido como viven los incrédulos (1 P. 4:3). Ahora nuestra vida debe ser diferente.
La Biblia nos manda claramente: no robar de ninguna manera. Por eso debemos examinar nuestro corazón y nuestra vida, para ver si existe alguna forma sutil de robo que estemos tolerando. Si la encontramos, debemos corregirla para agradar a Dios y vivir conforme a su voluntad.
Dios es quien provee, quien da y quien quita. Pero ahora, como creyentes, el fruto de nuestro trabajo ya no debe servir solo para el deleite egoísta, sino también para bendecir y ayudar a quienes tienen necesidad.
