«¿Hasta cuándo, oh simples, amarán la simpleza,
y los burladores se deleitarán en hacer burla,
y los necios aborrecerán el conocimiento?
Vuélvanse a mi reprensión,
y derramaré mi espíritu sobre ustedes;
les haré conocer mis palabras».
(Proverbios 1:22–23)
En esta sección de Proverbios, la sabiduría es personificada una vez más, levantando su voz para llamar a los simples, a los burladores y a los necios. Los “simples” no deben entenderse como personas sin inteligencia, sino como aquellos que, por necedad y orgullo, se aferran a la ignorancia y se resisten a abandonar su falta de discernimiento. Los burladores encuentran placer en despreciar la verdad, y los necios rechazan deliberadamente el conocimiento.
La sabiduría exhorta a los necios a dejar la simpleza para ser llenos de entendimiento. Lo impactante de este pasaje es que presenta la necedad como una decisión voluntaria. Las personas escogen no escuchar la voz del conocimiento y prefieren seguir su propio razonamiento. Sin embargo, cuando la sabiduría es despreciada y las advertencias se convierten en realidad, llegan las calamidades. Aquella sabiduría que fue rechazada comienza entonces a ser anhelada, pero la tormenta de las consecuencias ya se ha desatado.
Cuando el necio se ve en aprietos, suele buscar sabiduría solo para resolver sus problemas. Pero sin temor del Señor, muchas veces ese deseo llega demasiado tarde. Al enfrentar la calamidad, quienes despreciaron el consejo corren en busca de ayuda, esperando que alguien sabio enderece su camino; sin embargo, la terquedad ha hecho su obra. En contraste, los sabios escuchan el consejo a tiempo y viven con tranquilidad y seguridad.
Ser enseñable es un don que proviene de Dios, pero también es una decisión personal. Cada creyente debe anhelar escuchar la voz del Señor y recibir su corrección para no extraviarse en el camino. Lamentablemente, en una generación que se considera sabia en su propia opinión y poco dispuesta a la corrección, muchos rechazan el consejo y se alejan de la sabiduría divina. Por eso, es necesario examinarnos con honestidad y evaluar cuán dispuestos estamos a ser moldeados por la amonestación de Dios, conformando nuestro carácter a la imagen de Cristo.
Es triste reconocer que hay quienes buscan consejo solo para aparentar sabiduría, pero lo desechan rápidamente, y otros que se cierran por completo a escucharlo. Ambas actitudes revelan un corazón endurecido que se resiste a la voz de Dios.
Hermanos, una manera práctica de amar la simpleza es menospreciar la predicación de la Palabra y no darle el lugar que merece en nuestra vida y en nuestro corazón. Que ninguno de nosotros sea hallado en esta necedad. Mantengamos un corazón atento al llamado de Dios, dispuestos a aplicar su sabiduría en toda nuestra manera de vivir, para crecer en santidad. Anhelemos el consejo del Señor y busquémoslo con humildad, para ser sabios delante de Dios, aunque seamos considerados necios por el mundo.
