El camino del impío y del justo.

An aerial view of a winding road in the mountains

Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día.  El camino de los impíos es como las tinieblas; no saben en qué tropiezan. Pr 4:18–19.

  En estos pasajes se compara el camino del justo con el amanecer. Este camino muchas veces da la sensación de estar a oscuras y no mejorar la situación, pero tarde que temprano el sol sale y da alegría, calienta los huesos fríos del cuerpo y se establece en lo más alto del cielo. La paciencia del justo que espera en Dios, que aguarda aun cuando las cosas no salen o no pasan al ritmo que quiere; esto también el Señor lo ilustró en una parábola (Mar 4:26–29). Los creyentes deben ser pacientes para que se consuma el plan redentor de Dios en su vida y caminar con paciencia esperando a que la luz llegue. 

 El creyente tiene esperanza en medio de las tinieblas, porque sabe que la luz de la salvación se manifestará eventualmente (Isaías 62:1); en el fondo es sabido que la gloria de Dios hará resplandecer a los que han creído en Él y los tomará para sí. Los creyentes que quieren vivir como reyes en esta vida, sin sufrimiento y con excesos, es porque no entienden que el plan del Señor para el creyente es santificarlo y purificarlo, muchas veces por el fuego de la prueba, hasta que el resplandor del día llegue. 

La luz del creyente es Cristo y esta no se apagará jamás (Jn 12:36); es más, aún no se nos ha manifestado lo que en plenitud es. La esperanza en el alba es que amanecerá y la luz llegará; no importa qué tan oscura sea, la esperanza se hará realidad, el Señor se manifestará en salvación para su pueblo.

 El impío no tiene esperanzas; todo lo que hace es tropezar y andar en las tinieblas (Jn 11:10); ellos no tienen luz y sus pecados y deseos los condenan. El deber que tiene el creyente para el necio es ser luz en medio de esa tiniebla; quizá Dios tenga de ellos misericordia, salvándolos por medio del testimonio de los que andan en luz (Mt 5:14-16).

 Hay dos acciones que debe estar haciendo cada creyente: vivir tranquila y reposadamente en medio de lo que parece tinieblas, esperando el resplandor de la Luz verdadera, e iluminar con la luz que se les ha dado a aquellos que son incapaces de verla. Si el camino del sabio es luz, debemos guiar a otros a ella, para que dejen las tinieblas. Aunque el necio desprecie la sabiduría y la luz de ella, no debemos dejar que esa necedad apague la sabiduría que el Señor nos ha dado.