El creyente debe ocuparse en sus necesidades y trabajos para traer gloria a Dios.

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Y a que tengan por su ambición el llevar una vida tranquila, y se ocupen en sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera, y no tengan necesidad de nada. 1 Tes 4:11–12.

La predicación del evangelio y la extensión de la iglesia debían ser cuestiones de mayor importancia en medio de la iglesia en Tesalónica, pero debía hacerse de manera que trajese tranquilidad a los creyentes, sin frenesí ni desórdenes. Los creyentes deben esforzarse y ocuparse con entusiasmo en su tranquilidad, en tener vidas lejos de conflictos y pleitos con la sociedad, en otras palabras, deben ocuparse en estar tranquilos y reposadamente (1 Ti. 2:2).

Una manera de tener esta tranquilidad es ocupándose cada uno de sus trabajos y de sus asuntos. Seguramente ya se estaban levantando grupos de personas que no querían ocuparse en nada, ni siquiera al evangelio, porque tenían un concepto errado de la inminente venida de Cristo. Estos deben ocuparse en el trabajo de sus manos (2 Tes 3:11–12).

Cada creyente debe tener una ocupación propia, disciplinarse en ella y trabajar arduamente en esa área; probablemente los esclavos ya no querían servir a sus amos (1 Ti. 6:1–2), dejando sus labores domésticas; de alguna manera se estaban rebelando a sus amos. Estos esclavos deben seguir trabajando para que tuviesen qué comer.

Los creyentes debemos ser conocidos por tener una vida ejemplar en los trabajos y no por rebelarnos. Cuando una persona conoce al Señor, debe volverse ejemplar en medio de la sociedad, recordando que su jefe es Dios. Pero también el trabajo les impide a las personas andar en chismes y en cosas que no les competen.

El trabajo es una bendición de Dios; fue hecho para que las personas administraran la creación y fuesen productivas (Ge 2:15). Cada cristiano debe buscar la manera de ser productivo en el área que Dios le ha dado y de esta manera poder obtener el pan diario de cada día. Los cristianos deben desarrollarse, buscar una fuente de ingresos que le permita glorificar a Dios y llevar una vida santa.

Aun aquellos hermanos que se dedican al ministerio deben ser ejemplo de una vida de disciplina y servicio a la obra del Señor y, si es posible, generar ingresos cuando sea necesario para ser ejemplo en medio de la sociedad. El amor por el Señor debe motivar a trabajar cuando sea necesario, no evitarlo.

Hermanos, mientras Dios nos permita avanzar en el ministerio y llevar el evangelio a más lugares, debemos ser productivos y estar ocupados en nuestras labores, para no ser de tropiezo a los incrédulos y para no andar entrometidos en los asuntos de los demás por falta de ocupación. Que nuestro trabajo también sirva para la gloria del Nombre de Cristo hasta que Él decida llevarnos a su presencia.