Estén siempre gozosos. 1 Tes 5:16
Parece imposible permanecer gozosos en todo momento, especialmente cuando consideramos las circunstancias difíciles de la vida: enfermedades, conflictos, pérdidas y luchas constantes. A esto se suma una realidad que no podemos ignorar: el pecado que aún asedia a los creyentes. Sin embargo, aunque pueda parecer una afirmación extrema, la pérdida del gozo —o la ausencia de este— no es más que otra manifestación del pecado en la vida cristiana.
El gozo no elimina la tristeza que provocan ciertas circunstancias. La Biblia no niega el dolor humano ni lo minimiza. No obstante, en medio del sufrimiento, es la esperanza en Cristo la que produce un gozo que trasciende las circunstancias, porque esa esperanza es mayor que cualquier aflicción temporal.
Este no es el único pasaje bíblico que exhorta a los creyentes a mantenerse gozosos. El apóstol Pablo enseña que es precisamente la esperanza la que hace crecer el gozo (Ro. 15:13). Por lo tanto, cuanto más firme sea la esperanza del creyente, mayor será el gozo que caracterice su vida cristiana. Este gozo está llamado a superar la persecución, el dolor e incluso la muerte misma (1 P. 1:6). Los apóstoles sufrieron profundamente y derramaron lágrimas (Hch. 20:19), pero su gozo en el Señor nunca fue extinguido.
La Escritura afirma que es posible estar tristes y, al mismo tiempo, gozosos (2 Co. 6:10). Esto es así porque el gozo verdadero no proviene de las circunstancias externas, sino de la morada del Espíritu Santo en la vida del creyente. Por esta razón, el gozo forma parte del fruto del Espíritu (Gá. 5:22). En este sentido, solo quienes tienen una relación íntima con Dios pueden experimentar el gozo auténtico, un gozo que crece en la medida en que esa comunión se profundiza.
Por ello, lo que se espera de los cristianos es que vivan siempre gozosos, encontrando su fortaleza en el Señor aun cuando las circunstancias los asedian (Sal. 28:7). Es la misericordia de Dios la que los sostiene en medio del dolor (1 P. 1:8–9), y son las bendiciones espirituales en Cristo las que los mantienen firmes cuando todo parece desfallecer (Ef. 1:3–4; Fil. 4:13). Cuando los creyentes se sienten perdidos o solos, pueden tener la certeza de que Dios escucha sus oraciones y responde con oportuno socorro (Sal. 66:20).
Hermanos, no podemos ignorar que este mundo produce dolor y sufrimiento, ni debemos menospreciar el sufrimiento de quienes lo padecen. Lo que sí podemos y debemos hacer es recordarnos mutuamente la esperanza que supera toda circunstancia terrenal, toda aflicción y todo dolor. Es precisamente en medio del sufrimiento donde somos llamados a acercarnos a Dios, para hallar en Él socorro, fortaleza y un gozo firme que descansa únicamente en Cristo.
