El gozo que genera la omnipresencia de Dios

Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de los poetas de ustedes han dicho: “Porque también nosotros somos linaje Suyo». Hech 17:28 

La presencia de Dios es una realidad que todo creyente debe conocer y recordar. El ser humano vive constantemente delante del Señor; no existe un solo momento en el que pueda escapar de la presencia del Dios omnisciente. Desde la perspectiva teológica y de la naturaleza divina, Dios no puede abandonar su creación. Él la sostiene y la gobierna, y cada criatura, así como cada momento de la historia humana, está siempre delante de Él (Ap. 10:6).

Esta verdad es una bendición para algunos y una advertencia para otros, pero para toda la creación debería ser motivo de reverente temor. Tanto el creyente como el incrédulo deben saber que Dios observa desde el cielo (Hch. 17:27–28). Él ve todas las obras de los hombres, sean buenas o malas, y finalmente dará a cada uno conforme a lo que haya hecho (Sal. 139:7–10).

Lo glorioso de la omnipresencia de Dios es que Él habita en medio de su pueblo, lo cual es un gran favor para los creyentes. En medio de las circunstancias más dolorosas, confusas o desalentadoras, Dios está presente dirigiendo la historia y sosteniendo la vida de sus hijos (He. 1:3). Incluso cuando el creyente peca, puede acudir inmediatamente al Señor, porque el Espíritu Santo habita en él (1 Co. 3:16; 6:19).

En su perfecta omnisciencia, Dios también se ha comprometido a guardar a quienes le temen (Sal. 145:20). Cuando los creyentes se sienten vulnerados o injustamente tratados por los impíos, pueden acudir a la presencia de Dios con la seguridad de que Él conoce cada situación. No existe injusticia, abuso o maldad que Dios no vea. Por lo tanto, los creyentes pueden clamar con confianza a Aquel que lo sabe todo y que ha visto cada cosa.

Sin embargo, esta verdad también debe producir santo temor en el corazón del creyente. Si Dios lo sabe todo y lo supervisa todo, entonces también conoce nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestros pecados. Por eso debemos vivir con una actitud constante de arrepentimiento (1 Jn. 2:1) y procurar servir a Dios con un corazón sincero, no movidos por la vanagloria ni por el orgullo. El Señor no solo observa nuestras acciones, también examina nuestras intenciones.

Hermanos, la omnipresencia de Dios es una garantía de paz para nosotros. Él lo sabe todo, está presente en todo lugar y juzga con perfecta justicia. Nada puede ocultarse delante de su presencia. Esta verdad nos recuerda que Dios nos guarda y nos cuida incluso en los valles más oscuros de la vida (Sal. 23:4).

Pero también es una advertencia para quienes intentan ocultar sus pecados. Nadie puede esconderse de Dios, porque el Señor que ve en lo secreto también juzga con justicia.

Para los creyentes, la omnipresencia de Dios es motivo de gozo. En ella encontramos perdón inmediato, auxilio oportuno, refugio en los días difíciles y compañía en medio de la adversidad. Por eso debemos vivir conscientes de que Dios está con nosotros en todo momento, y alegrarnos de haber sido llamados hijos suyos.