El misterio revelado en Cristo

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En toda sabiduría y discernimiento nos dio a conocer el misterio de Su voluntad, según la buena intención que se propuso en Cristo, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra. Efesios 1:8–10

Además del perdón de pecados, Dios ha dado a su pueblo sabiduría y entendimiento. Muchas veces no somos plenamente conscientes de que todo lo que conocemos de Dios —el consuelo de la Palabra, las promesas que entendemos y disfrutamos— es parte de la gracia que hemos recibido en la salvación, conforme a su voluntad soberana.

Dios no solo ha salvado a su pueblo; también lo ha llenado de sabiduría. Y si alguno carece de ella, puede pedirla con humildad, confiando en que el Señor la dará generosamente (Stg. 1:5). Ahora, el hablar del creyente está marcado por la sabiduría que proviene de la salvación y de las promesas reveladas por medio de la Palabra y del Espíritu (1 Co. 2:6–7, 12).

Así como la salvación fue planeada en la eternidad, también lo fue la revelación del evangelio. Para el mundo, este mensaje sigue siendo necedad (1 Co. 1:22–23), pues no perciben su valor ni reconocen su gloria. Pero para los creyentes, Cristo es la sabiduría de Dios, y en Él encuentran todo su gozo y su esperanza (1 Co. 1:24–25). No existe conocimiento humano que supere el privilegio de conocer a Cristo y participar de su salvación.

El plan de redención —junto con todos sus beneficios y la sabiduría que lo acompaña— responde al problema supremo de la humanidad: el pecado (Gn. 3:1–7). Esta rebelión fue resuelta por el plan eterno de Dios, cumplido en la obra redentora y la resurrección de Jesucristo (1 Co. 15:20–28). En Él, toda separación causada por el pecado comienza a ser restaurada.

El ser humano, separado de Dios y sin capacidad de buscarle por sí mismo, dependía completamente de esta intervención divina. Sin el plan eterno de Dios, no habría salvación ni consuelo verdadero.

Por eso, ahora que hemos recibido la revelación de su voluntad, somos llamados a crecer en ese conocimiento. Debemos alimentarnos cada día de su Palabra y depender del Espíritu, para conocerle más y disfrutarle como Él ha dispuesto.

El cumplimiento de los tiempos ha llegado en Cristo. En Él, Dios está reuniendo todas las cosas bajo su autoridad. Nuestra esperanza, nuestro consuelo y nuestro gozo deben estar firmemente puestos en Aquel que tiene dominio sobre todo y que llevará su plan a su perfecta consumación.