Aunque Él me mate, en Él esperaré. Job 13:15.
Cada año esperamos lo mejor para nosotros, nuestras familias, negocios y para quienes nos rodean. Cada año se renueva la esperanza de un nuevo amanecer, de algo mejor, más prosperidad, más salud, tiempos mejores; el ser humano vive estos ciclos cada año, soñando en que lo mejor está por venir; rara vez nos sentamos a analizar las cosas negativas o indeseadas que nos pueden pasar.
Job lo perdió todo: sus 7 mil ovejas, 500 yuntas de bueyes, 500 asnos y su muchedumbre de siervos (Job 1:3); perdió a sus hijos (v. 19) y su salud (2:7); su esposa, en un sentido espiritual, lo abandonó (v. 9). Todo esto para decirnos a nosotros mismos que es posible, en un abrir y cerrar de ojos, perderlo todo a causa de la soberana voluntad del Dios a quien adoramos. La pregunta es: ¿seguiríamos esperando en Él?
Job, en su sufrimiento, pensaba que era justo delante de Dios y que podría presentar su causa ante el Dios soberano para encontrar consuelo y preguntar las razones de su sufrimiento, y el Señor le dio una respuesta con base en su soberano poder (38:4-41). Discutir los términos de nuestros sufrimientos delante del soberano Dios es una locura, pensando en que Él hizo todas las cosas, también a cada humano, con todas las circunstancias que lo rodean.
Este año he propuesto mi corazón a esperar en el Señor; antes de saber las dificultades y las bendiciones que seguramente serán derramadas en mi vida, he pastoreado mi corazón para que en cualquier circunstancia espere en el Señor. Esto no es fácil, requiere una constante repetición y un recordatorio de que todo lo que Dios hace es para mi bien (Ro 8:28). Claro que aún las pruebas del año 2026 no han iniciado. Quizá Dios tenga misericordia de mí y me lleve antes. Pero si su plan es dejarnos en la tierra por más tiempo, debemos proponernos adorarlo siempre. Claramente, será más sencillo cuando las cosas vayan bien, pero es necesario hacerlo cuando andemos en el valle de sombra de muerte.
Un buen plan para este año es esperar en el Señor; Él es más sabio que todos los creyentes del mundo juntos, el mejor consejero, el mejor maestro, sobre todo la mejor ayuda que podemos tener. Debemos aceptar el bien y lo que a primera vista no lo parece; como dijo Job: «¿Aceptaremos el bien de Dios, pero no aceptaremos el mal?» (Job 2:10). Dios no trabaja para destruir a creyentes, trabaja para santificarlos en la tierra y esa debería ser nuestra meta, parecernos a Cristo, encomendándonos al Padre en todo (1 Pe 2:23).
Cada creyente este año será bendecido por Dios; algunos seguramente prosperarán, otros pasarán por pruebas, otros saldrán victoriosos de ellas, algunos pasarán a la eternidad. Cualquiera que sea nuestra condición, aprendamos el contentamiento a esperar pacientemente en el Señor para que cuando estemos en el hoyo cenagoso, Él nos saque (Sal 40:1-3). Así, hermanos, que nuestro para este año sea esperar y confiar, estar quietos y reposadamente más este año que vendrá que el que ha pasado. Para que en todo sea el nombre de Dios exaltado.
