Hagan discípulos de todas las naciones.

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Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros, 2 Ti 2:2.

Jesús fundó la iglesia y debía ahora delegar la enseñanza a hombres pecadores, falibles, a veces hasta torpes para hacer la tarea. En su tiempo en la tierra se dio la tarea de enseñarles y guiarlos para que el evangelio no pare, para que alcance hasta los confines de la tierra (Hech 1:8). Imagínense recibir esta tarea del perfecto y santo Hijo de Dios; qué carga tan pesada.

Los nuevos misioneros comisionados empezaron sus tareas con entusiasmo, pero rápidamente se dieron cuenta de que no podían llevar ellos solos las cargas y empezaron a delegar a otros tareas que no podían realizar (Hech 6:3). Pero también rápidamente se dieron cuenta de que debían empezar a enseñar a otros a hacer la tarea. Los apóstoles ya no bastaban para la tarea y empezaron a buscar nuevos discípulos (Hch. 16:1–3).

Lo que Pablo le está pidiendo a Timoteo no es una cosa extraña, es que replique el modelo que ha recibido desde Jesús y que ahora le toca a él pasar la estafeta a otros. La multiplicación de los discípulos es muy importante porque solo así se puede hacer crecer el evangelio. Piense en esto por un momento: este mandamiento le fue dado a usted también. ¿Cómo va con la tarea de tener un discípulo en el Señor a quien le pueda delegar el trabajo en la obra?

Sin lugar a duda, la nueva generación de creyentes debe estar siendo levantada por el Señor, y eso seguirá así por los tiempos hasta que regrese Jesús por su iglesia. Así que encomendar a alguien la verdad del evangelio debe ser una prioridad; el problema es que esta tarea se le ha encomendado solo a los pastores y se ha olvidado que cada creyente tiene su parte en el discipulado cristiano y bíblico.

Pablo encomendó a Timoteo (1 Ti. 6:20; 2 Ti. 2:14); este debía encomendar a otros y así sucesivamente. Los creyentes han ido pasando la luz del evangelio de generación a generación, así que a los que el Señor levanta hay que enseñarles a que guarden todas las cosas que se nos han enseñado desde Jesús hasta hoy. Las mujeres tienen tareas que hacer y que han descuidado (Tito 2:4); los hombres han descuidado sus casas, los líderes no tienen discípulos a quienes guiar a toda verdad. Hay que hacer el esfuerzo de guiar a las nuevas generaciones a guardar el evangelio con todo lo que implica.

Imagínese que, por la gracia de Dios, hoy es llamado a entrar a la eternidad. ¿Ya ha enseñado a alguien a guardar el testimonio del evangelio? ¿Ha guiado a alguien para que sea testigo de Jesucristo en la tierra? Gracias a Dios, la salvación solo es por la gracia de un Señor soberano que salva por amor, pero deberíamos preocuparnos este año por enseñarles a otros lo que Jesús nos ha encomendado.

 Ese es un propósito cristiano, buscar hombres y mujeres fieles y guiarlos para que aprendan el evangelio y que estén dispuestos a llevarlo y ser testigos de Cristo. En otras palabras, hacer discípulos como se nos mandó desde el principio (Mt 28:18–20).