Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron, 1 Tes 4:14-15.
La base de la fe cristiana es la obra de salvación en Cristo Jesús; los cristianos tienen que estar seguros en la obra de la redención, la cual le costó su vida, pero que no quedó ahí, puesto que ha resucitado. Los creyentes han sido aceptados en la familia de la fe por la muerte de Cristo; en esta obra llevó la carga de nuestros pecados en la cruz (1 P. 2:24). Al llevar Él la muerte de los creyentes sobre la cruz, hizo posible que los cristianos no mueran, sino que duerman; los cuerpos serán unidos a los que en espíritu hoy gozan de la presencia del Señor.
De la misma manera que Jesús también resucitó, los creyentes tenemos esa esperanza en su resurrección porque, por ese mismo poder que lo ha levantado de los muertos, levantará de los muertos a cada cristiano (1 Co. 6:14). No solo la resurrección es prueba evidente de la deidad de Cristo, es la prueba que tiene poder sobre la muerte y sobre el pecado. El pecado ha perdido poder sobre los creyentes, ya que la muerte no es un problema para los creyentes. Jesús nos ha justificado; el pecado y la muerte ya fueron vencidos (Ro. 4:25).
Así que «también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús»; la muerte puede alcanzar a los creyentes y probablemente llegue a la mayoría de esta generación, pero aunque esta los alcance, seguirán viviendo (Juan 14:19). Si Cristo vive, los que han creído en Él vivirán para siempre, además serán presentados delante del Padre como justos (2 Co. 4:14).
Ningún creyente, esté vivo o durmiendo, se perderá la obra del arrebatamiento y ese es el punto que Pablo está defendiendo; los creyentes tienen la promesa de habitar en la casa del Padre (Jn. 7:34). La relación por medio del Espíritu Santo que ha establecido el Dios hace capaz que los cristianos estén de pie delante del cordero y que puedan un día ser reconocidos por la obra de Cristo y las obras que han hecho en los días de la fe (2 Co. 5:10).
Hermanos, dada la resurrección de Cristo, todos los creyentes tenemos la esperanza de vida eterna. Y gozo en la presencia del Señor. Todo lo que el pecado les había quitado a los hombres les ha sido devuelto por un solo Hombre, perfecto y eterno. La Biblia nos enseña esto para que, ya sea que enfermemos, vivos o muertos, tengamos la esperanza de que Cristo aplicará su poder de la resurrección en nosotros.
