La esperanza de la resurrección en Cristo Prt 1.

the sun is shining through the clouds in the sky

Pero no queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen, para que no se entristezcan como lo hacen los demás que no tienen esperanza.Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 1 Tes 4:13–15.

Los creyentes hablamos de la vida eterna y de la esperanza que tenemos en Cristo; la muerte de los santos es una cuestión diferente de quienes no tienen fe. Es importante entender que la muerte no es una cuestión de la naturaleza humana, es consecuencia del mismo pecado que es heredado desde Adán (Ro 5:12).

La esperanza de los que creen en Jesús va más allá de esta vida y la esperanza de los vivos sigue siendo Cristo, de manera que no se menciona la palabra muertos para quienes han dejado el mundo de los vivos; se les llama durmientes. Este texto busca poner la esperanza de todo creyente en la promesa de Cristo (1 Tes 1:9–10; 2:19; 3:13).

Dicho esto, los creyentes que habían perdido a sus familiares debían conocer que el plan de Dios para ellos no acaba con la muerte. Fallecer es una gracia de Dios para la vida de las personas de fe, esto porque el pecado nos ha afectado en todas las áreas de la vida y nos está envejeciendo, y a pesar de que el cuerpo se deteriora y se desgasta, el pecado no se acaba; sigue plantándole oposición al espíritu de cada cristiano.

La muerte entonces es solo un puente entre el mundo de los vivos para pasar a la vida eterna en Cristo; es el proceso de abandonar un cuerpo limitado y desgastado por el pecado a un estado de perfección. Los cristianos entonces, al ver los resultados finales de la gracia de Dios en la vida de los que han confiado en Cristo y su final, pueden entender que es el medio para llevarnos a la eterna presencia de Dios.

Los cristianos de Tesalónica, al ver la persecución, pensaron que se habían perdido la venida del Señor; Pablo les enseña que no hay manera de que se la hayan perdido y que los que habían perecido seguían bajo la promesa de Dios. Solo los incrédulos viven sin esperanza, ya que no conocen el poder de la resurrección (Ef 2:12).

Hermanos, la esperanza en la eternidad es la reunión con el Señor Jesucristo (2 Ts 2:1); el dolor de un creyente por la separación de sus seres queridos no es pecado, ni es algo extraño, pero no debe opacar la esperanza que se tiene en Cristo. Dolerse no es pecado, pero aun en medio de este dolor, la gracia de Dios y la esperanza eterna pueden traer al corazón de los creyentes consuelo y paz.

Así que, hermanos, no debemos ignorar el poder de Dios en la resurrección. Aunque pasemos por el valle de muerte, y pasemos por ahí, entendamos que del otro lado nos espera el Señor. De manera que podemos gozarnos aun en medio de lo que puede causarnos el pecado. El fin de la muerte es llevarnos a Cristo, y ahí se acabará el dolor y la lucha contra el pecado para siempre; hay esperanza más allá de esta vida, el Señor de gloria esperando a los redimidos.