La esperanza de la resurrección en Cristo. prt 3.

Misty mountain peaks shrouded in clouds

Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confórtense unos a otros con estas palabras. 1 Tes 4:15–18.

Pablo le enseña a la iglesia cómo será el proceso de la resurrección cuando el Señor venga por su iglesia y la esperanza que debe haber en el corazón de los cristianos. Los de Tesalónica pensaban que el rapto de la iglesia ya había pasado y que sus muertos estaban sin esperanza, por ello, la enseñanza que se les da es que los creyentes están dormidos y no muertos, esperando ser resucitados con Cristo (1 Cor 15:51).

Esta falta de conciencia de la venida del Señor muestra claramente que los hermanos sabían que era un hecho que no sería abiertamente visible y que estaría reservado solo para los creyentes (Jn. 14:1–3) los incrédulos no sabrán lo que ha pasado cuando el día de la resurrección ocurra. Ahora los cristianos deben esperar con gozo y con ocupación la venida del Señor para ocuparse en el ministerio, sus trabajos y el evangelismo.

El orden de la resurrección lo ha puesto Cristo, de manera que los cuerpos de quienes duermen serán unidos a sus almas que ya descansan en presencia del Señor. Este evento es secreto y no se puede predecir cuándo sucederá (Mt 24:36). Pero ciertamente sucederá, y esta es la esperanza que debe tener cada creyente; además, además no puede el creyente olvidar esta promesa para que no dejen de estar velando (Mt. 25:13).

Jesús descenderá del cielo, y los tesalonicenses estaban atentos al regreso de Jesús (1 Tes 1:10). El llamado de Jesús será potente, tan poderoso que los que están en las tumbas oirán y serán levantados, así como el mismo Lázaro (Jn. 11:43). Oyó el llamado a la vida; así los que han dormido en Cristo lo harán. Y con el llamado, la trompeta de Dios para congregar a los cristianos para la eternidad.

Una vez que los que duermen sean levantados, los que estén en ese día serán arrebatados para ir a la presencia del Señor; en las nubes serán transformados todos los cristianos. Para que ya todos los cristianos estén en presencia de Cristo sin ver más separación. Este momento debe ser esperado por los creyentes, anhelado y deseado para que las circunstancias de la vida no nos quiten el gozo; ya sea la vida o la muerte del Señor, somos (Ro. 14:8).

Así que, hermanos, no importa cuál sea nuestra circunstancia, debemos animarnos en la venida del Señor. Los cristianos, a pesar de lo que nos suceda en este mundo, podemos seguir firmes en la esperanza de la resurrección. El mundo se nos puede venir encima y perseguirnos hasta la muerte, pero nuestra esperanza sigue firme en Cristo; nuestro cuerpo de humillación será quitado para darnos un cuerpo a la imagen de Cristo (Fil. 3:21).

Lo maravilloso de esto es que Cristo ha sujetado a Él todas las cosas (Fil. 3:21), incluyendo la muerte, para que nuestra consolación esté en Dios (2 Co. 1:3); la esperanza que tenemos es cierta y bienaventurada (Tit. 2:13). Es curioso que los creyentes nos consolamos muchas veces en la soberanía de Dios cuando las cosas van mal, pero una mejor manera de consolarnos es esperando en la venida de aquel que prometió que nos llevaría a la nación celestial, donde el dolor, el pecado y el poder de la muerte serán para siempre anulados. Si algo debe animarnos a seguir la lucha terrenal, es la esperanza celestial (1 Co. 15:51–52).