La Voluntad de Dios: Una Vida de Gratitud

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Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús, 1 Tes 5:18.

Los creyentes a menudo se preguntan: ¿Cuál es la voluntad de Dios? Este pasaje nos ofrece una respuesta clara: vivir una vida de agradecimiento. La Biblia nos enseña que el agradecimiento es lo que el Señor espera de nosotros. Para los incrédulos, es difícil ser agradecidos, ya que no reconocen a Dios como la fuente de sus bienes y provisiones.

Cuando los creyentes son regenerados, sus ojos se abren para ver que todo lo que tienen proviene de Dios: el pan diario, el techo sobre sus cabezas y el abrigo. Incluso pueden dar gracias en medio de la persecución y los conflictos (Hechos 5:41). Todo lo que hacemos debe ser con acción de gracias (Colosenses 3:17).

Los creyentes agradecen porque son impulsados por el Espíritu de Dios, lo que les permite comprender y apreciar Su gloria en lo cotidiano. Cuando enfrentan circunstancias difíciles, pueden agradecer, entendiendo que todo lo que sucede es para su bien (Romanos 8:28). La compasión de Dios brilla en la vida de los creyentes, llenándolos de gratitud (Salmo 145:9).

Además, la iglesia siempre ha tenido el hábito de agradecer y reunirse para cultos de acción de gracias (1 Corintios 14:12–17). Este no es un concepto nuevo; la comunidad de fe se ha congregado a lo largo del tiempo para contar las grandezas y misericordias de Dios. Las acciones de gracias son un antídoto contra la inmoralidad; en vez de vivir quejándonos, los cristianos son conocidos por su constante gratitud (Efesios 5:3–4).

Los afanes de esta vida no deben impedir que los cristianos sean agradecidos; de hecho, deberían motivarnos a ser más agradecidos (Filipenses 4:6–7). No hay razón para pasar un solo día sin dar gracias a Dios. Esta necesidad natural de gratitud está arraigada en el corazón de cada creyente.

Hermanos, Dios quiere que siempre le demos gracias para no perder de vista Su gracia. La gratitud elimina la queja y la desesperanza, y nos ayuda a enfocar nuestra mente en Su presencia y en un culto constante a Él. Cuando olvidamos dar gracias, corremos el riesgo de caer en la queja y la desesperanza. Mantengamos viva nuestra alegría a través de la gratitud, recordando que esta es la voluntad de Dios. No pequemos contra Él al dejar de ser agradecidos.