Ahora bien, hermanos, con respecto a los tiempos y a las épocas, no tienen necesidad de que se les escriba nada.Pues ustedes mismos saben perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche; que cuando estén diciendo: «Paz y seguridad»1 Tes 5:1–3.
Una vez evacuada la duda acerca del arrebatamiento y la glorificación de los creyentes, quedaba una duda por responder: ¿Cuándo será el día del Señor? Esta pregunta lo que busca determinar es la época en que iniciará el juicio contra los pecadores, la tribulación y todos los eventos que terminarán con el reinado eterno de Cristo.
Esta duda no es nueva, ni Pablo el primero en escucharla; cuando se le preguntó a Jesucristo, respondió: «No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad» (Hch. 1:6-7). La respuesta de Pablo a los tesalonicenses va en esa dirección, a guiar los corazones de ellos a estar tranquilos y anclados a la esperanza de Cristo.
La preocupación de los hermanos por este día se debe a que en esta época el juicio de Dios vendrá sobre la humanidad incrédula. El dolor que hasta ahora conocían no se asemeja al que han de padecer los incrédulos en el día que Dios juzgue a la tierra. Desde el Antiguo Testamento era sabido que este día traería grandes dolores (Is. 13:6). Así que, sabiendo que sus vidas estaban seguras en Cristo, estos hermanos querían saber qué tan cerca estaba el fin.
La venida del Señor será un evento repentino, inesperado para la humanidad; este conocimiento se da con un conocimiento claro; ellos perfectamente lo sabían. Jesús mismo enseñó que esta venida sería secreta y repentina, como ladrón por la noche que ingresa sin ser anunciado anteriormente (Mt. 24:43). Cada generación debe estar lista porque tanto el arrebatamiento como la venida del Señor vendrán inadvertidamente y solo los que estén preparados en la fe, que es en Cristo, se librarán; solo quienes tengan su fe cimentada en Cristo (Mt. 24:4–33).
La verdad de todo esto es que los creyentes debemos estar tranquilos porque la venida de este día no nos perjudicará; la salvación está segura en Cristo. Los incrédulos sí que deben preocuparse y no es raro escucharlos hablando de este tema con regularidad, más viendo cómo las guerras y los desastres naturales se vuelven tan visibles.
Pero el día del Señor no les será anunciado; una vez que la iglesia sea llevada a la presencia de Dios, en ese mismo momento, en un tiempo que ellos no verán ni sabrán lo que pasó, iniciará el juicio de Dios para ellos. Todas las generaciones de cristianos han muerto esperando el arrebatamiento; por ello no debe ser un tema olvidado por la iglesia, para que encuentre gozo y paz en ella. Aunque parezca que el mundo perece y se destruye, los cristianos sabemos que Dios destruirá su tierra antes de renovarla, pero que para entonces, cuando ese día de juicio inicie, los santos estarán gozando de la presencia del Señor.
