Porque esta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante, como los gentiles que no conocen a Dios. (1 Tes 4:3–5).
En cuanto a la urgencia de guardar el pacto matrimonial, Dios manda a la santificación; esta es la soberana voluntad del Señor. Abstenerse de inmoralidad sexual en la época actual es un reto que no es fácil de asumir y también es un pecado que se vuelve difícil de atacar. Un problema serio que hay es que no se toma en serio este pecado o simplemente se ignora.
Muchos se preguntan: ¿Qué es la inmoralidad sexual? La Biblia manda a que los creyentes se aparten de la carnalidad, de la impureza y de las pasiones de la carne. En la vida de los creyentes es asumible que la inmoralidad era una marca de su antigua vida y que ya la ha dejado atrás (1 Co. 6:10-11); pero la realidad es otra.
Parece que la santidad sexual y la moralidad son cosas anticuadas, que no ayudan o que no se discuten con tanta ferocidad como se debería. La inmoralidad sexual es un pecado del cual no se debe asumir como vencido; debe tratarse constantemente. Desde la vestimenta hasta los programas de televisión y el hedonismo que ha gobernado nuestra generación son solo ejemplos de cómo la inmoralidad toca las puertas y se deja entrar a la iglesia.
Como padres, cuidar la vestimenta de los jóvenes, hombres y mujeres, pastorear sus corazones; los pastores deben atacar estos en medio de la iglesia; la congregación debe comprometerse a luchar contra la inmoralidad, en conjunto. Algunos dirán que es radical aplicar la disciplina bíblica a una persona por su vestimenta, falta de modestia y pudor, pero si no se combate, entonces rápidamente se abrirá la ventana para una degeneración mayor.
Algunos no quieren abordar estos temas en la iglesia para no ser tachados de legalistas o extremistas, pero la verdad es que la inmoralidad sexual tiene sus síntomas particulares que no deben dejarse pasar para que no infecten a todo el pueblo de Dios (1 Co. 5:1–13). Hay arrogancia cuando se habla desde el púlpito de la santidad y de la modestia, o de los dones espirituales, y hay pecados abiertamente visibles de inmoralidad.
Hermanos, no nos dejemos engañar; Satanás quiere silenciar a los que se oponen a la inmoralidad con pretextos de legalismo, llamando a los creyentes anticuados y ridículos, pero una iglesia que no cuida de este asunto está destinada al fracaso para luego servir de burla en medio de una sociedad impía.
Son muchos los documentales que han hecho grupos para desacreditar a la iglesia, sacando a la luz los pecados sexuales en que han caído; hay uno muy particular en el que el pastor era atacado por su forma de vestir y con él las ovejas. La iglesia terminó cerrando y en medio de escándalos. Cerremos las puertas a la inmoralidad sexual en medio de la iglesia y no demos lugar al diablo; cuidémonos los unos a los otros para que sirvamos para la gloria de Dios y no para burla del enemigo.
