Para alabanza de la gloria de su gracia

Silhouette of a person with open arms beside a cross at sunset, symbolizing faith and spirituality.

En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado. Efesios 1:4–6

A lo largo de las Escrituras se nos enseña que la salvación tiene su origen en la buena voluntad de Dios y en su gracia soberana (2 Ti. 2:10). Es su amor el que ha trazado el camino de redención para la humanidad, abriendo la puerta a la vida eterna (2 Ts. 2:13). La salvación no depende del hombre, sino de Dios (Ef. 1:5, 11), y sus beneficiarios somos pecadores que, sin Él, estaríamos destinados a la condenación (Ap. 21:8).

Sin embargo, esta salvación tiene un propósito eterno: la gloria de Dios y de su Hijo. Los que han sido salvados entienden que ahora sus vidas pertenecen a Aquel que se hizo maldición para rescatarlos (Gá. 3:13). Mientras el pecado conduce a la muerte, Cristo ofrece vida eterna a todos los que creen en Él (Ro. 6:23).

Por eso, la vida del creyente en esta tierra debe estar orientada a la gloria de Dios. Su obra, su misericordia y su gracia —manifestadas de manera suprema en la entrega de su Hijo (Jn. 3:16)— nos impulsan a vivir para exaltar su Nombre. Es inconcebible que quien ha sido alcanzado por esta gracia no viva en adoración.

Desde ahora y hasta el fin de los tiempos, la iglesia ha sido llamada a adorar al Cordero que murió y resucitó para dar vida a los que estaban muertos en sus pecados (Ap. 5:9). Resulta contradictorio que algunos consideren pesada una vida de adoración, cuando la promesa eterna es precisamente vivir en la presencia de Cristo y adorarlo por siempre. Quien no encuentra gozo en adorar a Dios en esta vida difícilmente anhelará la eternidad, donde todas las naciones se reunirán para rendirle gloria (Ap. 21:1–7).

Por tanto, reconocer la soberanía de Dios en la salvación no es solo una cuestión doctrinal ni un motivo de discusión entre creyentes. Es una verdad que debe llevarnos a la humildad, a la gratitud y a la adoración. Dios, en su poder, nos ha rescatado de la muerte eterna para que podamos disfrutar de Él, de su santidad, y ser llamados sus hijos.

Debemos tener cuidado de no usar la doctrina de la elección para contender o enorgullecernos, como si la salvación nos perteneciera. Esta es obra exclusiva de Dios, dada para que, al conocerle, le adoremos con un corazón rendido y agradecido (Ro. 5:10).

La Escritura nos invita a exaltar a Dios por la salvación que nos ha dado en Cristo. No pequemos contra Él dejando de adorarlo. Que toda nuestra vida sea, verdaderamente, para alabanza de la gloria de su gracia.