Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas. Pr 3:5–6.
Cada año las personas planifican sus años, hacen planes y se imponen metas, algunas reales; otras de estas metas solo se quedan en el papel o en el sueño de las personas. Pero lo que es una realidad y que muchos ignoran es que Dios está ejecutando su propio plan y su propia agenda, la cual es perfecta e infalible.
El creyente debe ser conocido por confiar en el plan soberano de Dios, porque quienes le aman saben que todas las cosas les ayudan (Ro 8:28). El consejo es sencillo y más importante para cualquiera que quiera planificar un año exitoso: debe confiar en Dios de todo corazón, en otras palabras, con todo su ser. No debe caber un ápice de duda en los que dicen esperar en Dios; deben ir confiados y dejarse guiar por el Príncipe de los pastores (1 P 5:4).
El problema de confiar en el plan del Señor es que atenta contra el orgullo; el ser humano debe reconocer que su entendimiento es vano y que no puede hacer nada sin la guía de Dios. Además, debe aceptar el camino por el que es guiado, debe sosegadamente soportar los días de tormenta, los caminos difíciles para ser llevado a lugares de delicados pastos (Sal 23).
Confiar en Dios significa que haremos lo que Él dice aun cuando nuestra carnalidad piense distinto; eso significa reconocerlo, dejarse guiar por su santa Palabra, oír su consejo y abandonar cualquier cosa que se oponga a lo que Él ha dicho. Confiar significa que no importa el resultado terrenal, lo importante es que Él está en control y cuidado de nuestras almas (Job 13:15).
Dios realmente puede enderezar los caminos de los que confían en Él. Cuando una persona tiene metas y las pone a disposición del Señor y busca honrarlo, no importa si estas metas se llevan a cabo o no; lo importante es reconocer que el Soberano de la tierra es más sabio y ha decidido un mejor camino, por eso decimos: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello»
La sabiduría humana, cuando se opone a la celestial, trae destrucción; le pasó a Israel cuando no quisieron entrar en la tierra prometida (Núm 13:28, 31). Sin lugar a duda, Dios ama a sus hijos, pero es necesario tener un corazón dócil para no endurecerse en su presencia. Cuando un creyente de verdad es humilde y busca el consejo del Señor, encontrará alivio, así como lo encontraron los antiguos en la Biblia.
Ser sabio es planificar la vida con una mente puesta en la gloria de Dios, tomando decisiones santas y dejando que Él mejore nuestros planes y enderece las elecciones torcidas que de vez en cuando tomamos. Es darle gloria cuando sus planes coinciden con nuestras metas y, cuando no, los caminos del Señor son perfectos y en ello descansan los que por fe andan.
