«Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios».
(Filipenses 1:9–11)
En la oración apostólica de Pablo por los filipenses encontramos principios que no debemos pasar por alto. Si alguien preguntara cuál es una buena manera de comenzar el día, podríamos responder: orando conforme a este modelo. Dios se interesa profundamente por su pueblo y produce en él el deseo de crecer en santidad. Para ello, también establece las virtudes que deben caracterizar la vida cristiana.
La primera de ellas es el amor. Pablo no ora simplemente para que haya amor, sino para que este abunde cada vez más. El creyente está llamado a revestir todas sus acciones de amor, dejando atrás el egoísmo y reflejando el carácter de Cristo. Sin embargo, amar en los términos bíblicos no es algo sencillo. Requiere negarse a uno mismo (Mt. 16:24), tomar la cruz y seguir a Cristo. Solo así nuestras obras estarán verdaderamente motivadas por el amor de Dios.
Amar no es algo natural al corazón humano caído; es fruto del Espíritu (Gá. 5:22). Por eso, para que el amor crezca, el creyente debe depender completamente de la obra del Espíritu Santo. El mundo puede hablar de amor e incluso intentar imitarlo, pero el amor genuino —el que procede de Cristo— solo nace de una comunión viva con Dios.
A veces pensamos que hay personas difíciles de amar. Sin embargo, muchas veces no es el hermano el problema, sino nuestro propio pecado que nos impide amar como Dios manda: sin condiciones, sin excusas y sin reservas. El amor verdadero es la marca distintiva de los discípulos de Jesús (Jn. 13:35). No obstante, este amor no es sentimental ni superficial; debe ir acompañado de conocimiento y discernimiento.
El amor cristiano crece en la medida en que crece el conocimiento de Dios. No es un amor ciego, sino un amor informado por la verdad. El discernimiento permite elegir lo mejor, vivir en pureza y prepararnos para el día de Cristo. Así, el creyente no solo ama, sino que ama correctamente, conforme a la voluntad revelada de Dios.
El cristiano fiel está llamado a crecer en este amor y a cuidar a los hermanos que le acompañan en la carrera de la fe. En medio de las luchas diarias, esta oración de Pablo sigue siendo profundamente relevante. Una vida de comunión con la Palabra y con Cristo formará creyentes llenos del fruto de justicia, para la gloria y alabanza de Dios.
