El Cristo Victorioso: El Origen de los Dones

Silhouette of three crosses against a vibrant sunset sky.

Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por tanto, dice: «Cuando ascendió a lo alto, Llevó cautiva un gran número de cautivos, Y dio dones a los hombres». Esta expresión: «Ascendió», ¿qué significa, sino que Él también había descendido a las profundidades de la tierra? El que descendió es también el mismo que ascendió mucho más arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo Ef 4:7–10.

El apóstol Pablo explica que en la iglesia existen tres grupos de personas necesarias para capacitar a los santos y edificar el cuerpo de Cristo. Al menos en la época paulina, estos ministerios estaban presentes y eran palpables (1 Cor 12:28).

Lo que Cristo ha hecho por la iglesia se resume en cuatro acciones fundamentales:

  • Salvarla de la condenación. Ro 8:1
  • Limpiarla de todos sus pecados. Ef 5:25-26
  • Unirla al cuerpo espiritual. 1 Cor 12:13
  • Darle las herramientas necesarias para que pueda sobrevivir en medio de este mundo caído (Tito 2:14).

Para llevar a cabo este proceso, Cristo tuvo que ascender a lo más alto y «llevar cautiva la cautividad». Esto significa una sola cosa: Cristo fue completamente victorioso. Tras su resurrección, se presentó delante del Padre y ante todas las potestades celestiales como el triunfador absoluto y el Rey de reyes (Col 2:15).

El significado de los cautivos y la victoria

La identidad de estos cautivos se puede entender desde dos perspectivas bíblicas:

  1. Los prisioneros del pecado: Son los cristianos que fueron liberados y presentados ante Dios como trofeos de su gracia (2 Cor 2:14).
  2. Los enemigos derrotados: Son los demonios y el mismo Satanás, quienes fueron destruidos para siempre por el poder de la cruz (He 2:14).

La exaltación de Cristo en los cielos ocurrió después de haber estado en lo más profundo de la Tierra, lo cual representa su muerte y sepultura. Este sacrificio es precisamente lo que hace posible que la iglesia tenga dones hoy en día. También le otorga la capacidad de crecer por sí misma gracias al poder del Espíritu Santo que mora en ella y en aquellos que la dirigen (Hch 2:33).

Esta victoria de Cristo sobre la muerte y sobre Satanás incluye también a todos los que nos tenían oprimidos por causa de nuestro pecado, cuando estábamos esclavizados y muertos espiritualmente. Su triunfo no fue solo para sí mismo; fue para todos los que habrían de creer. Esto es maravilloso: su victoria representa la victoria de la iglesia, su crecimiento espiritual y la provisión de herramientas para edificar a la congregación (Ro 8:37).

El regalo de la misericordia divina

Aunque este pasaje bíblico puede volverse un poco difícil de estudiar, el resumen es directo: Cristo tuvo que morir y resucitar para que la iglesia funcione hoy de la manera en que lo hace. (1 Cor 15:3-4). Por lo tanto, las capacidades que tienen los maestros, los evangelistas y los pastores en la iglesia no son méritos humanos. Son únicamente el resultado de la gracia de Dios y una muestra más de la profunda misericordia que Él tiene por su pueblo (Ro 12:6).

Orar por los líderes

Los pastores y los maestros que dirigen la congregación no fueron puestos en sus lugares al azar. Fue Cristo quien, a través de su muerte y resurrección, los colocó en medio de nosotros. Lo hizo con el propósito de que la iglesia sea edificada y crezca para la gloria de su santo nombre (Ef 4:11-12).

Por esta razón, la iglesia debería estar constantemente orando por ellos. Debemos respaldar espiritualmente a nuestros líderes, reconociendo que sus ministerios son un regalo directo del Señor para nuestro crecimiento (1 Ts 5:12–13).