«Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por tanto, dice: «CUANDO ASCENDIÓ A LO ALTO, LLEVÓ CAUTIVA UN GRAN NÚMERO DE CAUTIVOS, Y DIO DONES A LOS HOMBRES». Esta expresión: «Ascendió», ¿qué significa, sino que Él también había descendido a las profundidades de la tierra? El que descendió es también el mismo que ascendió mucho más arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo» (Efesios 4:7-10).
Pablo continúa su tema de la unidad en este pasaje y explica por qué cada uno de los hermanos es importante. El vínculo de la paz se manifiesta conforme a los dones que cada quien ha recibido de Dios (1 Pedro 4:10).
Si bien es cierto que los dones son un tema bastante discutido, en este pasaje el apóstol explica que son expresiones de la gracia para aquellos que han creído. Ninguno se ha obtenido de manera gratuita; es decir, tener un maestro en medio de la iglesia, o una persona dadivosa, le ha costado a Cristo su propia vida.
Comprados a un precio altísimo: Así como cada creyente fue comprado con la sangre de Jesucristo, cuando decimos que una persona tiene algún don, este le fue dado por el sacrificio en la cruz del Señor (1 Corintios 6:20). Visto desde esta perspectiva, no debe haber en la iglesia menosprecio alguno por los dones diferentes que tiene cada hermano (Romanos 12:3).
Aunque algunos dones serán a veces más visibles, públicos o aplaudidos que otros, siguen siendo los mismos dones de Dios y han sido adquiridos al costo del mismo precio de sangre. Antes de hablar de los dones específicos, Pablo nos introduce a la idea de que a cada uno de los creyentes se nos ha dado conforme a la medida del don de Cristo.
Esto significa que a cada uno se nos ha otorgado algo conforme a la gracia de Jesucristo, a su sacrificio, a su obra de expiación y a su redención (Efesios 2:8). Por tanto, como creyentes, no debemos menospreciar el don que tenemos, sino que debemos ponerlo al servicio de la iglesia, evitando por completo desvalorizar a quienes tienen un don diferente.
Una porción gloriosa y diferente para cada uno: La obra de Cristo es diferente en cada uno de los creyentes, pero eso no significa que Dios no esté actuando allí. No debemos ser orgullosos ni esperar que nuestros hermanos actúen y tengan exactamente los mismos dones que Dios nos ha dado a nosotros (1 Corintios 12:4-6).
Al hacerlo particularmente conforme al don de Cristo, a cada creyente se le ha dado una porción gloriosa y maravillosa. Esta se debe desarrollar de una manera muy diferente a la porción que nosotros, en particular, desarrollamos.
Conclusión: Diferentes miembros con un mismo objetivo: Hermanos, antes de hablar de dones, debemos recordar que la fuente es Dios. Él trabaja de manera individual en cada creyente para transformarlo a la imagen de Jesucristo (Filipenses 1:6). Cada persona con su don es totalmente necesaria para que el cuerpo de Cristo se desarrolle.
Debemos aceptar que en la iglesia todos somos diferentes y que cada uno juega un papel importante y necesario. Cada quien desarrollará un papel diferente, pero todos compartimos el mismo objetivo final: la gloria de Cristo (1 Corintios 10:31).
