Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.Efesios 4:4–5:
Pablo resume la unidad del cuerpo de Cristo con tres principios fundamentales que engloban todo lo dicho hasta ahora. A estos tres principios se les llama «fundantes», ya que sientan la base de la unidad de la Iglesia universal. Es importante que, como creyentes, tengamos claros cuáles son los principios que nos unen. Así podremos tener una comunión íntima con aquellos que también dicen creer en Jesucristo.
Renuncia a los falsos dioses: “Un solo Señor»: esta expresión se remonta a los tiempos paulinos y a la multitud de dioses que la sociedad conocía. Al expresar que solo había un Señor, los creyentes renunciaban a toda clase de tradiciones religiosas que los hacían reconocer cualquier otra deidad o señorío sobre la Tierra. (1 Cor 8:6, Ex 20:3).
El impacto social del Evangelio: Aunque esta declaración nos parezca sencilla en la actualidad, creó muchas revueltas en contra de los creyentes a medida que el evangelio iba creciendo en las ciudades. Algunos ciudadanos, como nos relata el libro de Hechos, fueron muy agresivos porque estaban perdiendo sus ganancias. Esto se debió a que los templos ya no recibían tantas visitas y las reliquias de sus dioses dejaron de venderse. Declarar que solo hay un Señor no era solamente una cuestión religiosa o un formalismo; era una declaración en contra de la sociedad en la cual estos creyentes vivían. (Hch 19:26, Mt 10:34).
La oposición del mundo pagano: Desde el principio de la iglesia, los paganos querían armar revueltas porque veían disminuido su poder por el crecimiento de la congregación. Su diosa Diana ya no les generaba los réditos económicos que ellos esperaban. Por esta razón, se armó un gran tumulto y querían ir en contra de los cristianos. (Hch 19:27, 1 Tim 6:10)
La persecución actual por la verdad: Quizá en nuestra sociedad no veamos estos problemas tan a menudo. Sin embargo, sí hay creyentes en muchas partes del mundo que, por decir que solo hay un Dios y un solo Señor sobre todos, están siendo perseguidos y maltratados, pero Jesús ya lo había profetizado (Jn 15:20). El sufrimiento de los creyentes por causa del Señor sigue siendo tan real como lo fue al principio de la iglesia. A pesar de esto, la declaración sigue siendo la misma: Jesucristo es el Señor, el único Señor sobre el cielo y la Tierra (Fil 2:11):
Guardar el corazón para el Rey de reyes: Hermanos, debemos ser conscientes de esta realidad. No podemos menospreciar el pecado que mora en nosotros; debemos constantemente recordarnos que nuestro único Señor, y el que nos une en el cuerpo y a la iglesia universal, es Jesucristo. Él es quien está sentado en el trono, el que debe gobernar nuestros corazones y nuestras mentes. No dejemos que otros señores se sienten en el lugar que solo le pertenece al Rey de reyes y Señor de señores. (Ap 19:16, Ro 6:12)
