Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. Ef 4:4–6.
Pablo sigue enlistando los elementos que hacen conservar la unidad del cuerpo de Cristo, y los elementos que nos identifican como un solo cuerpo y como una sola nación.
Tenemos un solo Espíritu, el cual viene de Dios para unirnos al único cuerpo, una misma esperanza de la vida eterna en Cristo Jesús, y ahora todos participamos de la fe en el mismo Dios.
Solamente hay un Señor, el cual es Jesucristo y es el Salvador de todos; en ningún otro se puede hallar salvación (Hch. 4:12). Esto es para judíos y para gentiles: todos aquellos que quieran salvación deben confiar en la sangre de Jesucristo, que fue derramada en la cruz.
Si alguien viene con otro evangelio, es maldito (Gál. 1:8), porque no tienen la salvación de arrastrar otras personas hacia el infierno por medio de la mentira.
Al igual que el apóstol Pablo, los cristianos creemos y predicamos en el único Dios verdadero y predicamos a Jesucristo, por el cual fueron creados los cielos y la Tierra y por el cual son sustentados (1 Co. 8:5–6).
La única manera de ser salvos es confesándolo como Señor; si alguien se opone a esto, el tal no es de Cristo (Ro. 10:9).
En medio de tantas confusiones y religiones, hoy se ha secularizado el cristianismo y muchos se llaman a sí mismos cristianos, pero quieren poner otro fundamento de la fe diferente a Cristo (1 Co. 3:11; 1 P. 2:4–8). Esto es lo que separa realmente a los que sí son parte de la iglesia y los que no lo son.
Puede ser que digan creer en Cristo, pero al rechazar su señorío sobre todas las cosas, están rechazándolo a él como suficiente.
Así que es importante predicar un evangelio real que lleve a las personas al arrepentimiento y a la confesión de pecados para que puedan de verdad, de todo corazón, confesar el nombre de Jesucristo y ser salvos (Fil. 2:11).
Si no se predica un evangelio del arrepentimiento y de confesión de pecados, entonces es otro evangelio y no es el evangelio de Jesucristo.
Hermanos, tengamos cuidado en no presentar a un Cristo diferente a la hora de predicar; prediquemos al que llama al arrepentimiento y a la salvación por medio del derramamiento de su sangre en la cruz del Calvario y de su resurrección de entre los muertos.
Al predicar esto, aquellos que de verdad confíen en su obra redentora y se arrepientan de su pecado podrán ser unidos al cuerpo que es la iglesia y ser bautizados por el mismo Espíritu por el cual nosotros fuimos bautizados.
