Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu. Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor. Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre. Sométanse unos a otros en el temor de Cristo. Ef 5:15–21.
En medio de este mundo lleno de personas que practican la impureza, que viven embriagadas en el pecado y en sus propios deseos, los creyentes son llamados a ser sabios para saber vivir en esta tierra llena de maldad y de ambientes que rechazan la justicia, la santidad y el temor del Señor (Fil 2:15). Los cristianos deben tener cuidado porque la lucha contra la carne continúa; es una batalla de adentro hacia afuera donde cada uno debe cuidar su corazón y guiarlo a Cristo para que rechace los placeres de este mundo y vaya en pos de su Salvador (Gá 5:16-17).
Andar con sabiduría corresponde a mantener una conciencia limpia delante de Dios en medio de este mundo atrofiado por el pecado y por las manifestaciones de la carne (1 Pe 3:16). Claramente, los creyentes deben ser sabios para no participar en ellas (Ef5:7-8) y, además, exponerlas cuando los que nos rodean las practican sin pudor alguno (Ef 5:11). Hay que tener la sabiduría necesaria para examinar estas conductas y corregirlas en medio de la iglesia (1 Co 5:12-13).
Además, se debe redimir el tiempo; en otras palabras, comprarlo para que se use de una manera santa y no en el pecado (Col 4:5). El creyente debe dejar de desaprovechar el tiempo con las personas que lo rodean en esas conversaciones de pecado y en ese entorno inmoral (1 Co 15:33). Por el contrario, como creyentes debemos aprovechar cada oportunidad que tengamos para presentar a Cristo como el Salvador y como aquel que tiene el poder de liberar a quienes son esclavos de sus pecados (Ro 6:22).
Los días son malos y empeorarán; Dios ha dejado a los hombres en sus pecados porque han preferido a las criaturas antes que al Creador (Ro 1:24-25). Todo esto significa que el mundo, en vez de mejorar, empeora (2 Tim 3:13). Con este contexto, cada vez los creyentes deben ser más sabios para alejarse de la inmoralidad que la sociedad quiere justificar a través de lo cultural; cada cristiano debe mantenerse fiel a los principios bíblicos para poder seguir siendo luz en medio de las tinieblas (Mt 5:14-16).
Hermanos, es imperante para cada uno de nosotros volver a las Escrituras y regresar a la naturaleza de la santidad y de la justicia para poder ser luz en medio de las tinieblas (2 Tim 3:16-17). No podemos confundir la luz con la oscuridad ni avalar lo que este mundo culturalmente aprueba (Is 5:20). Los creyentes hemos sido llamados para reflejar las perfecciones de Cristo y no para confundirnos en este mundo de pecado (1 Pe 2:9). Seamos sabios y apartémonos de quienes menosprecian a Cristo y a su sacrificio (He 10:29). No debemos tener comunión íntima con quienes se mofan de Dios, lo desprecian y lo ofenden, porque esto ciertamente es actuar como un necio (Sal 1:1).
