Porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. Por esta razón dice: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos, Y te alumbrará Cristo». Ef 5:12–14.
Los cristianos deben estar preparados para comprender la santidad de Dios. De este modo, podrán desenmascarar las obras infructuosas de las tinieblas y evitar que estas se manifiesten en medio de la congregación de los santos. Pablo explica que los impíos cometen actos tan inmorales que a cualquiera le daría vergüenza hablar de ellos; es una degradación tal que los hombres se sentirían apenados de solo escucharla (1 Pe 1:15-16)
Toda la exhortación de los pasajes anteriores encamina a los creyentes a apartarse de tales personas y a no participar de sus obras (Ef 5:5–11). Es lamentable observar que muchos creyentes consideran a personas inmorales como sus amigos íntimos. Esto contradice por completo lo que realmente significa vivir apartados para la gloria de Dios. Los creyentes deben ser honestos en su búsqueda de la santidad. Es en otros hermanos en la fe donde deben encontrar la solidaridad y el amor de Cristo, impulsándose mutuamente a separarse de quienes se deleitan en el pecado (2 Co 6:14).
Pablo, en vez de hacer causa común con los impíos en medio de este mundo, los confronta con el evangelio. Primero los llama dormidos, describiéndolos como seres completamente inconscientes de las tinieblas en las que viven, sin esperanza y destinados a la muerte eterna. Segundo, los compara con muertos espirituales que necesitan desesperadamente de Cristo (Ef 2:1-2).
Es evidente por las Escrituras que los creyentes no deben unirse a los incrédulos en sus caminos. Si realmente amamos a aquellos que están lejos de Dios, nuestro deber es predicarles el evangelio. El amor hacia el incrédulo no se demuestra manteniendo una comunión íntima con él, sino llamándolo al arrepentimiento y a la vida eterna. De lo contrario, actuar de forma complaciente con el pecado nos convierte en enemigos de la cruz de Cristo y, muy probablemente, en un tropiezo para la iglesia (Stg 4:4).
Cuando los cristianos manifiestan que sus mejores amigos son incrédulos, evidencian una profunda falta de conocimiento del evangelio, del pecado y de la justicia de Dios. Los cristianos debemos estar listos para presentar el mensaje de salvación a quienes nos rodean, especialmente a aquellos que decimos amar. No podemos afirmar que amamos a alguien si al mismo tiempo le negamos el mensaje de la vida eterna (Ro 1:16).
Hermanos, debemos ser sabios al vivir en medio de este mundo corrupto y lleno de pecado, para que podamos amarlos predicándoles el evangelio y rescatándolos de las tinieblas. No permitamos que el mundo nos arrastre a la oscuridad; al contrario, llevemos a ellos la luz de Cristo (Mt 5:14-16).
