Sean llenos del Espíritu. Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor. Ef 5:18–19.
Para mostrar e ilustrar cómo se ve una persona llena del Espíritu, el apóstol utiliza una serie de participios. Esta forma verbal es muy importante porque muestra la manifestación constante de una vida espiritual continua entre los cristianos. El lugar para manifestar la llenura del Espíritu es el corazón, y desde allí se desbordará hacia el exterior, alcanzando a quienes rodean a los creyentes.
Un aspecto muy relevante es que esta llenura se lleva a la iglesia; es en medio de la comunión con otros creyentes donde se realiza la acción de hablar espiritualmente. La iglesia no es la fuente de la llenura del Espíritu, sino el lugar donde se congregan quienes aman a Cristo y viven de una manera santa; por ello, se preocupan por no dejar de congregarse (He. 10:25). El culto y el lugar de reunión deben convertirse en el espacio donde todos aquellos que hablan una misma cosa se reúnan para edificarse, animándose y exhortándose unos a otros.
En medio del culto, los adoradores que están acostumbrados a alabar en sus casas se reúnen a una sola voz para cantar y adorar al Señor (Sal. 33:1) con música que exalta a Cristo. Es muy interesante que Pablo utilice palabras relacionadas con las celebraciones judías para mostrar lo que se debe hacer. Los salmos se utilizaban en las fiestas judías y en cada celebración se cantaban algunos de ellos; el ritual estaba establecido y había una cantidad fija que se cantaba antes, durante y después de cada ceremonia.
Los cánticos con gozo y alegría siempre han sido parte de la adoración celestial; es la adoración que Dios demanda de su pueblo y la misma que se realizará en los cielos (Ap. 5:8–9). Los cantos espirituales aparecen en medio de las dificultades para sostener a los creyentes durante las circunstancias más dolorosas (Hech. 16:25). Así que la iglesia debe estar llena de música que adore a Dios: salmos e himnos que engrandezcan su nombre.
Un detalle no menor es que esta forma de adorar no incluye a los incrédulos. Pablo dice: «Hablen entre ustedes», lo que excluye la música pagana y paganizada; los cristianos no deben preocuparse por crear hits musicales, pues eso no trae adoración a Dios. Cuando la música cristiana se seculariza, significa que ha dejado de ser espiritual, porque el impío no puede ni quiere adorar al Señor. Además, cuando la música se vuelve un fin en sí misma, corre el riesgo de convertirse en el centro y la atracción del culto, quitándole el lugar que solo Cristo merece.
La alabanza debe surgir del corazón hacia el exterior y no al revés. Debemos anunciar las grandezas del Señor que nos amó y se entregó por nosotros (He. 2:12), para que la congregación de los santos sea conocida por reunirse a alabar al Salvador del mundo. Hermanos, debemos pensar en las cosas espirituales y enfocarnos en ellas para que la obra de Dios se manifieste. Por eso, debemos llenar nuestras mentes de las cosas celestiales (Fil. 4:8) para que las terrenales no nos saturen, y para que, cuando nos reunamos, hablemos todos un mismo idioma: el de la adoración a Cristo Jesús.
