Den siempre gracias por todo a Dios.

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Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre. Sométanse unos a otros en el temor de Cristo. Ef 5:20–21.

Una de las características de los creyentes y personas que están llenas del Espíritu es que son muy agradecidas. Cada uno inicia dando gracias por Cristo, por su obra y por su redención (Ro. 1:8); esa es la máxima razón de gratitud, porque ha costado su sangre que cada creyente haya encontrado salvación y vida eterna (Ef. 1:3–6). A partir de que una persona reconoce la salvación y a Cristo, puede vivir una vida agradecida por las muchas misericordias que le son reveladas (1 Co. 1:4, Col. 3:15).

De la misma manera, hay otros pasajes de la Biblia donde se llama a los creyentes a vivir una vida de agradecimiento (1 Ts. 5:18). Creer que tenemos a un Dios soberano que es capaz de gobernar cada línea de nuestras vidas es importante para ser agradecidos, porque así entendemos lo que Pablo dice: «Todas las cosas nos ayudan a bien» (Ro. 8:28). Esto significa que no hay una sola cosa en la vida por la que no debamos dar gracias en Cristo Jesús. Las mismas Escrituras enseñan que es Dios quien da y, a la vez, quien quita (Job 1:21, Sal. 103:1-2).

Cada cristiano debe cuidar su corazón del afán de este mundo y aprender a ser agradecido con Dios; y si alguna petición tiene, debe ser dada por medio de Jesucristo (Fil. 4:6). Es que el Señor se vuelve mediador para que seamos agradecidos y para llevar nuestras peticiones al Padre para que sean atendidas. En todo momento Dios cuida de nosotros, nos oye y presta atención a nuestras necesidades para que vivamos agradecidos por su obra redentora (1 Pe. 5:7).

La iglesia debe estar llena de estas personas que durante la semana han vivido con gratitud y gozo en sus corazones, que confiesan a Jesús y lo alaban por su gran regalo de la vida eterna y nos hizo vencedores con Él (Ro. 8:37). Cuando este grupo de personas se reúne, entonces solo hay espacio para dar gracias a Dios por sus providencias. Los creyentes son personas que siempre tienen en sus bocas un cántico de gratitud a Dios (Sal. 100:4).

Por ello, cada vez que la congregación de los santos se reúne, dan a Dios sacrificios de labios (He. 13:15); cánticos, adoración y alabanza. Esto es algo que definitivamente separa a los creyentes de los incrédulos. Los cristianos siempre alabamos a Dios, damos gracias y somos pacientes al esperar en Él; el incrédulo nunca se siente pleno y le cuesta estar agradecido con quienes le rodean y con el Señor mismo (Ef. 5:19).

Hermanos, cuidemos nuestras mentes y corazones; llevémoslas siempre a ver la obra de Dios en nuestras vidas para que siempre encuentren razones para dar honra y gloria a su Nombre. Así, cuando nos reunamos con otros creyentes, contemos las benevolencias de nuestro Señor y podamos llenarnos de gozo al ver cómo actúa Dios en medio de su pueblo. No nos cansemos de agradecer a Dios por Cristo (2 Co. 9:15).