Anden como hijos de luz.

Hands clasped in prayer over an open book, symbolizing spirituality.

Por tanto, no sean partícipes con ellos; porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz. Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinen qué es lo que agrada al Señor, y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas. Ef 5:7–11.

Ante la corrupción que hay en el mundo y que rodea a los creyentes, el mandamiento es simple: no participen con ellos. Es aquí donde el Señor y el evangelio separan a padres de hijos, hermanos y familiares; porque cuando la práctica de ellos es el pecado, los cristianos deben hacerse a un lado para no pecar con ellos ni avalar lo que les agrada a ellos, pero que Dios condena (Mt. 10:34-36).

Debemos separarnos de ellos y de sus prácticas porque justamente hemos salido de las tinieblas a la luz admirable del Señor; de la vida oscura y esclavizados al pecado, a ahora la libertad de Cristo. No podemos andar en las tinieblas, gozarnos en ellas y decir que somos hijos de luz. El cristiano que ahora anda en la luz, lo lógico es que aborrezca las tinieblas antes de gozarse con quienes aún están en ellas (1 Pe. 2:9).

A diferencia del pecado, del adulterio y de la inmoralidad sexual, la luz produce bondad, justicia y verdad. La bondad es el deseo de seguir y hacer todo lo que es bueno (Ro. 15:14); esta palabra implica que las personas son las que trabajan por hacer el bien, siendo la bondad, al ser resultado de una nueva vida, un sello indiscutible de espiritualidad (2 Ts. 1:11). La justicia, por su parte, es el carácter del hombre santo, así como Cristo lo era (1 P. 3:18). Por lo tanto, debemos tratar a los demás con tal justicia que reflejemos la luz (Gá. 5:22-23).

La verdad es seguir lo verdadero y practicarlo; la Biblia es la fuente de verdad (2 Ti. 2:15). Los creyentes no deberíamos tener la necesidad de hacer juramentos, ya que al hablar verdad las personas deberían conocer nuestro carácter. En la iglesia no debería surgir la mentira y la desconfianza; todos deberían hablar verdad (Mt. 5:33–37). Los impíos son mentirosos y satanás es el padre de mentira; por lo tanto, el creyente, al estar en la verdad, debe separarse de los mentirosos (Jn. 8:44)

Por todo esto, los cristianos debemos examinar si lo que hacemos agrada a Dios y si el entorno en el que estamos le es grato. Con la Palabra y el Espíritu ya deberíamos tener suficiente discernimiento para distinguir la luz de las tinieblas. Pero la Biblia enseña algo más: deberíamos desenmascarar las obras de las tinieblas. Esto aplica especialmente si hay personas que nos rodean que dicen ser cristianas, pero su vida es de tinieblas. Debemos tener la suficiente madurez para poder apartar a toda persona que, llamándose hermano, se comporte inmoralmente (1 Co. 5:11).

Hermanos, nuestro deber es ser agentes de la luz y ser el reflejo del evangelio a este mundo que anda en tinieblas. Debemos andar en tal luz que las personas sepan dónde está nuestro corazón y nuestra esperanza, para que ellos, que están en tinieblas, al menos vean destellos de la luz del evangelio cuando se lo predicamos y cuando lo modelamos (Mt. 5:16).