Sométanse unos a otros en el temor de Cristo. Ef 5:21.
La llenura del Espíritu ha sido el tema central de estos pasajes; se ha visto una serie de actitudes personales (Ef. 5:19–20). Pero ahora esta llenura debe mostrarse en las relaciones personales y en el sometimiento hacia los demás. Este versículo es de transición para dar pie a las relaciones familiares en medio de los creyentes y con aquellos que no necesariamente lo son. Pone a la familia como los pilares de la sociedad y, además, muestra la forma en la que puede sobrevivir en medio de los ataques que se viven a lo largo de la historia (Col. 3:18-21).
La palabra someterse es de carácter militar; significa ponerse bajo las órdenes de alguien, o estar en el rango inferior para cumplir con las demandas de su superior. Esto incluye no tener como prioridad los derechos individuales, sino la necesidad de quien me acompaña en la vida espiritual, el que es superior a mí. Pablo les escribe a los corintios que se sometan a quienes colaboran en la iglesia (1 Co. 16:1, Fil. 2:3).
Por otra parte, los creyentes deben someterse a las autoridades terrenales (1 P. 2:13–15; Ro. 13:1–7). Un creyente no debe ser conocido por murmurar de sus gobernantes ni debe estar acusado de rebeldía contra el Estado. Los policías, jueces y magistrados están puestos por Dios para cuidar y ordenar la sociedad en la que vivimos; y aunque lo hagan de una manera pecaminosa y llena de faltas, es Él quien los ha designado para la gloria de su nombre (Tit. 3:1).
Otro lugar de sometimiento es al pastor de la iglesia; como miembros de la iglesia debemos estar sometidos a quienes, por la gracia del Señor, están dirigiendo los caminos del pueblo de Dios (He. 13:17). La Biblia enseña varias circunstancias en las que debemos estar sometidos los unos a los otros; todos en la congregación estamos sometidos al poder y al mandato de Jesucristo, y si Él nos pone en un lugar de sometimiento a otros, deberíamos hacerlo con gozo (1 Pe. 5:5).
En las relaciones de la familia, Pablo muestra que las mujeres deben someterse al gobierno de sus maridos (1 Ts. 2:11–12), y que los hijos deben someterse al gobierno de los padres (Ef. 6:1–3). Nuestro Dios es de orden, no de anarquías; el pueblo suyo debe ser el modelo de la sociedad donde el marido que ama y se somete a Cristo traslada ese amor a su familia, la protege y le provee; donde la madre ama a Cristo y se somete a su marido, y los hijos son gobernados bajo el temor del Señor (1 Co. 11:3).
Hermanos, la sociedad ha sido revoltosa por todas las generaciones; todos vociferan de sus jefes, gobernantes y líderes. Nosotros, los creyentes, debemos mostrarle a este mundo las bendiciones de vivir bajo la ley de Dios; cómo una familia bien unida puede darle solidez a la sociedad y darle luz a los que viven en las tinieblas rebelándose contra toda autoridad. Somos hijos de Dios y debemos someternos a Él; esto se mostrará cuando nos sometamos a quienes nos gobiernan, siendo esto una muestra de ser guiados y llenos del poder del Espíritu Santo (Stg. 4:7).
