La familia, bajo el diseño de Dios, trae gozo.

A group of people hugging outdoors, symbolizing friendship and unity.

Los proverbios de Salomón. El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre (Pr 10:1).

En el caso del primero de los proverbios, se apela a la necesidad urgente de los padres de instruir a sus hijos. Para Dios, el padre es responsable de la familia, de criar y enseñar a su hijo; los padres en este caso sirven de instrumento de educación y guía espiritual para los pequeños. Bajo este concepto, Jehová delegó la autoridad al varón, por lo cual el primero en ser responsable de la educación en el hogar es el hombre; sin embargo, la madre también es responsable delante del Señor, ya que fue creada con el fin de ser ayuda idónea (Pr. 22:6).

En todo caso, el joven sabio será de alegría para ambos padres. El hecho de que solo se use la palabra padre es solo una expresión poética, pero no excluyente de la otra figura; ambos, tanto padre como madre, son sinónimos en este caso de padres. La alegría de todos los padres está en la sabiduría de sus hijos, pero cuando es necio, acarrea tristeza al hogar. Esto es particularmente cierto cuando los padres tienden a contar y mostrar los logros de sus hijos a la sociedad; se empieza la comparación y los padres sienten la necesidad de contarles a los demás lo lejos que sus hijos han llegado (Pr. 23:24-25).

La alegría es el resultado de la sabiduría, y la tristeza es resultado de la necedad; por eso son los padres los que tienen que criar a los hijos, no los abuelos, ni la empleada, ni el sistema, porque la vergüenza será solo acarreada por los progenitores. Algunas claves bíblicas para transmitir sabiduría a los hijos son: enseñar la ley de Jehová (Dt. 6:5–7), corregirlo (Pr. 13:24; 29:17) y no provocarlos a ira (Ef. 6:4). No hay manera de que un padre se sienta orgulloso de los delitos y delirios de sus hijos, y la sociedad tarde o temprano termina juzgándolos por las acciones, aunque en principio ella misma los haya guiado y después los condenará. (Pr. 29:15)

Esta sociedad tiene dos grandes problemas: los que no quieren tener hijos y se han vuelto animalistas rechazando los decretos de Dios, y quienes los tienen como un accesorio. La razón de que vivamos en una sociedad tan débil es que los padres están complaciendo a los hijos en todo cuanto piden; esto es el resultado de sus conciencias, que los acusan de haberlos abandonado y dejado con otras personas para ir en pos del dinero (1 Ti. 5:8).

Proverbios nos mostrará que esta generación de hijos sabios trabajará y se enriquecerá, guarda la ley, se cuida a sí mismo y es trabajador; pero el necio no trabaja, se burla de las leyes, es violento y acarrea juicio y muerte pronta para sí. Todo este contraste sucede muy a menudo (Pr. 10). La necesidad con la que los padres pueden estar interviniendo en la vida de esta generación es la que los avergüenza y no los deja en paz (Pr. 13:4).

La responsabilidad paterna del hogar es algo que se está perdiendo cada vez más; el dinero y los lujos han hecho que los padres abandonen a sus hijos al sistema podrido de este mundo y, ahí son educados, por lo que no será raro que luego se lamenten cuando estos les causen vergüenza. Pueden algunos evadir esta responsabilidad terrenal, pero delante de Dios nadie puede escapar; Él juzga santa y justamente a cada uno. La paternidad y el cuidado de los niños es algo que cada uno debe considerar como un deber delante de Dios y un regalo de su gracia, y no menospreciarlo para que sea causa de gozo (Sal. 127:3-5).