Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Ef 5:22–24.
En esta sociedad liberal en la que vivimos, que se queja de lo santo y que ama el pecado, hay que enseñarle este mandamiento que por su naturaleza es contracultura. Como ya Pablo lo ha mencionado anteriormente, es necesario que los creyentes vivan conforme a la vocación del evangelio al que fueron llamados, vestidos del nuevo hombre (Ef. 4:1, 24). Lo que quiere decir es que los creyentes deben vivir reflejando el carácter de Cristo (Ro. 12:2).
En este mandamiento, las casadas deben estar sometidas a sus maridos como conviene al Señor (Col. 3:18). Este mandamiento debemos entenderlo tanto hombres como mujeres. La Biblia no menciona que la mujer deba someterse como si fuera inferior; el sometimiento voluntario de la mujer a su esposo es porque ama a Dios y quiere guardar sus mandamientos, pero no significa que deba ser tratada como una esclava o como una sirvienta del marido (Gá. 3:28).
Esto también demanda del hombre que gobierne y que sepa guiar su hogar hacia la verdad de Cristo. Es muy lamentable que la sociedad lleve años guiando a las mujeres a la rebeldía en sus matrimonios y a los hombres a la dejación de sus deberes en el hogar, de tal manera que hoy el hombre no quiere guiar a su hogar y la mujer no quiere sujetarse. El feminismo ha entrado también a la iglesia para decirles a las mujeres que no tienen que sujetarse, hablando en contra de Dios mismo (1 P. 3:1, 1 Co. 11:3).
Para una mujer que desea la santificación, este mandamiento es parte de su vida diaria; y aunque deba ir en contra de la sociedad misma, esta ha sido la realidad de todas aquellas santas que han vivido a lo largo de la historia (1 P. 3:5–6). Las mujeres no se someten a sus maridos porque ellos se lo piden, lo hacen porque se someten a Cristo primero. El hombre no debe exigirle a la mujer que se sujete; debe guiarla a que siga al Señor y que se someta a Él, y en ese proceso de santificación el marido aprenderá a amarla como Cristo amó a la iglesia y ella se someterá como quien se somete al Señor (Ef. 5:25).
Todos los mandamientos que la Biblia da para una familia funcional son los que la sociedad ha querido derribar; el diseño de Dios para el hogar es el que más es menospreciado. En la iglesia, los creyentes deben luchar y de verdad estar seguros de que la Biblia es la palabra del Señor y que sus mandamientos son santos; la sociedad no debería gobernarnos, ni la cultura moderna, sino Cristo (Sal. 119:160).
Hermanos, la familia es el pilar de la sociedad. Debemos como familia modelar a Cristo para que las personas que viven en tinieblas puedan ver la luz del evangelio modelado por aquellos que se someten a Cristo. En este particular mandamiento, las mujeres están llamadas a modelar la santidad y la sujeción desde el hogar y desde el matrimonio. Debemos entender, además, que los mandamientos de Dios no son destructivos ni gravosos; son para nuestro bien y para la gloria de su nombre, y por ello debemos amarlos y seguirlos (1 Jn. 5:3).
