Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias. Ef 5:4.
En medio de la comunidad cristiana, de la congregación, no debería haber una serie de pecados que el apóstol Pablo va a mencionar para que los creyentes se santifiquen. En este punto, es necesario entender que la santidad no es dejar de hacer cosas o realizar una lista de actividades. La santidad es mejor definida como imitar a Cristo (1 Pe 1:15-16), y en ese proceso dejar todas las costumbres paganas que todavía pueden asediar a los creyentes.
Las obscenidades encabezan esta segunda lista, que se opone a la santidad y a las cosas que no convienen a los creyentes. Esta palabra señala conversaciones indecentes que se dan en los círculos sociales, pero que son cosas vergonzosas; tales conversaciones la Biblia mandadejar (Col. 3:8). Esta forma de acciones, pensamientos y conversaciones se opone al carácter de Cristo y, por lo tanto, a la santidad que conviene a su casa (Sal 93:5).
Necedades es una conversación sin sentido, comparada con una persona que habla sin estar en sus sentidos. Los necios se oponen a Dios y a Cristo; por lo tanto, sus conversaciones se dirigen a blasfemar. Este tipo de conversaciones no debe formar parte del quehacer del creyente ni debe estar rodeado de quienes se atreven a vivir en sus necedades. Este tipo de conversaciones trae calamidad (Pr. 10:14); debemos huir de estas personas y de sus conversaciones (Pr. 14:7) para andar sabiamente (Ef 5:15).
Las groserías que se traducen aquí, y que también se oponen a la santidad, tienen un sentido más de burla o truhanería. Lo que la Biblia demanda es que los creyentes no se presten a la burla y el escarnio que hacen los pecadores (Sal 1:1). Esta palabra implica que las personas se enfocan en convertir lo que es inocente en subjetivo y pecaminoso, en burlas llenas de morbosidad. Estas personas groseras son las que se encargan de sexualizar cualquier situación y encontrar deleite en ello. De esto es de lo que los creyentes deben huir.
Al decir que ninguna de estas actitudes es apropiada, debemos apuntar a lo que sí lo es: las acciones de gracias. Al ser agradecidos con Dios y estar en plena conciencia de su actuar, no le queda espacio al creyente de participar en este tipo de conversaciones y de delirios pecaminosos de la sociedad en la que ellos participan (Ef 5:20). La voluntad de Dios es que vivamos agradecidos (1 Ts. 5:18) y enfocados en Él; esta es la clave para abandonar estas manifestaciones de pecado.
Hermanos, cuidemos nuestros corazones para que nuestra vida sea un ejemplo de la intimidad que tenemos con Cristo (Prov 4:23). Que la sociedad no nos corrompa; al contrario, estar rodeados de estas personas nos permite ser luz en medio de las tinieblas. Podemos demostrarle a este mundo que solo habla corruptamente cómo se vive una vida agradecida y con la conciencia de que Dios es santo y nosotros queremos imitarlo.
