«Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.» — Efesios 4:2–3
En este pasaje el apóstol Pablo utiliza palabras profundas para enseñarnos cómo preservar la unidad en el cuerpo de Cristo. Tras habernos hablado de la humildad, la mansedumbre y la paciencia, introduce un verbo clave: soportar. En el lenguaje paulino, esta palabra encierra al menos dos significados vitales que debemos comprender para nuestra vida diaria.
Soportar es sobrellevar al hermano en amor: En el contexto inmediato de este versículo, soportar significa ser pacientes con el prójimo. Dicho de otra manera, implica sobrellevar y ser tolerantes con las circunstancias de los demás (2 Co. 11:1). Lo que Pablo nos encomienda aquí es que, como creyentes, mostremos paciencia al atender las necesidades de otros cristianos.
En este sentido, cada uno de nosotros es responsable de generar espacios de confianza. Debemos permitir que nuestros hermanos se acerquen con total libertad a compartir sus debilidades, para que estas puedan ser sobrellevadas en los hombros de la comunidad. Sin duda, esto es una obra del Espíritu Santo, quien capacita a los hombres con gracia y sabiduría para cargar sabiamente con las realidades de otros cristianos, amándolos como Dios lo demanda (1 Co. 13).
Sobrellevar las cargas de un hermano es reflejo de un espíritu sometido a Dios. Muchas veces, la única manera de ayudar de forma efectiva es manteniendo una plena comunión con Jesucristo y una dependencia absoluta del Espíritu Santo (2 Co. 8:9). Esta dependencia nos enseña cómo responder a las necesidades ajenas y nos mueve a llevarlas en oración constante, entendiendo con empatía que la necesidad de mi hermano también me apremia (1 P. 4:8).
Asimismo, como creyentes, debemos tener la humildad para confiar nuestras propias cargas a los hermanos y depositarlas sobre ellos para recibir su ayuda. Aquí es donde descubrimos que, como familia en Cristo, dependemos los unos de los otros (Gá. 6:9–10). Debemos aprender a ser humildes para reconocer que, así como el cuerpo físico necesita de cada uno de sus miembros, nosotros también necesitamos con urgencia de nuestros hermanos (2 Ts. 3:13).
Soportar es recibir la instrucción del Señor: La otra acepción de esta palabra se utiliza en las Escrituras para describir la necesidad que tiene el cristiano de soportar las exhortaciones y la Palabra de Dios. En este aspecto, soportar significa escuchar atentamente y aceptar de parte del Señor todas las correcciones que nuestras vidas necesitan, haciéndolo sin quejas ni prejuicios contra Él (He. 13:2).
En menor medida, la Palabra también emplea este término para referirse al acto de aguantar a las personas en su necedad (Mr. 9:19), y para describir el proceso de sobrellevar las pruebas difíciles de las circunstancias de la vida (2 Ts. 1:4).
Hermanos, soportarnos mutuamente nos fortalece como el cuerpo de Cristo. Levantar a los caídos y cargar a los heridos no nos debilita; al contrario, nos hace más sabios, más diligentes (1 Co. 12:26) y, sobre todo, nos acerca a la unidad en el Espíritu que Dios desea para su Iglesia (He. 13:16).
Habrá momentos donde la mejor manera de soportar a los hermanos será intercediendo por ellos en oración. Otros días nos tocará cargarlos físicamente en nuestros propios hombros. En cualquier escenario, debemos estar plenamente dispuestos a hacerlo para la gloria de Dios.
