Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz. Ef 6:14–15.
Los soldados que estaban en presencia del apóstol Pablo eran romanos y, como parte de su uniforme, llevaban puesto un manto al estilo de un poncho. Este manto se alargaba, cubriendo a los soldados. Las batallas a las que ellos asistían se peleaban cuerpo a cuerpo, así que debían tener cuidado de que su manto no les estorbara o no fuera una ventaja para el enemigo de donde pudieran ser tomados. Así que se amarraban este manto a la cintura de manera que les quedara bien ajustado; ese cinto mantenía en su lugar el manto y los protegía.
Tener el cinto puesto se denominaba estar ceñido, y el mandamiento de Pablo es que cada creyente debe tener ceñida o amarrada la cintura con la verdad. De la misma manera, los judíos tuvieron que ceñir sus lomos, lo que significaba que estaban listos para la caminata del Éxodo (Éx. 12:11). Y los creyentes ahora deben ceñir sus lomos para esperar la venida de Cristo (1 P. 1:13). Para los creyentes del primer siglo esto tenía mucho sentido; debían estar preparados para lo que viniera, llámese luchas o batallas o la venida del Señor; debían estar preparados espiritualmente.
El cinto de la verdad al que el apóstol llama a los creyentes es necesario para luchar la guerra contra Satanás y sus mentiras, los engaños que quiere sembrar a los cristianos en sus corazones (Jn. 8:44). Los cristianos deben edificarse los unos a los otros para no ser arrastrados por los vientos de doctrinas engañosas (Ef. 4:11–14); la verdad es necesaria por los espíritus que quieren arrastrar a los creyentes a la apostasía (1 Ti. 4:1).
Pero ceñirse de la verdad es una actitud que debe tener cada cristiano; debe reflejar que es verdadera su forma de vida, sus anhelos y sus deseos por Cristo, y que no sea tachado de ser hipócrita (Fil. 1:27). Los creyentes se despojan de la mentira para poder correr la carrera de la fe (He. 12:1). Los cristianos fácilmente se pueden ver engañados por Satanás cuando oculta sus mentiras en medias verdades y acusa a los creyentes por sus pecados y los vuelve insensibles, pero Satanás y el pecado fueron ya derrotados (Ap. 12:10).
Hay muchas formas de caer en el error; por eso, cuando un creyente es genuino en su forma de andar, puede confesar sus faltas y apartarse de ellas (Pr. 28:13). Cuando un creyente es genuino, puede caminar en la verdad, puede comprobar y seguir la voluntad de Dios (Ro. 12:2). Estar ceñido de la verdad es una lucha de toda la vida por mantenerse firme en el evangelio; no acaba sino hasta la muerte, y esa es la razón por la que hay que ceñirse cada día el cinto de la verdad para prevalecer en el evangelio.
Hermanos, en medio de un mundo lleno de engaño, hacen falta personas de genuina fe, donde cada uno luche por la verdad del evangelio y de Cristo. En medio de un mundo de mentiras, es necesario que se levante una lumbrera de la verdad y un modelo de verdaderos cristianos que luchan por mantenerse firmes en un mundo que los quiere derribar (Fil. 2:15). Para poder luchar la batalla de la fe, debemos estar en Cristo, el verdadero, y vivir una vida que refleje ese carácter santo de verdad. De ahí que lo primero que debemos asegurar es la verdad; andemos en ella para que el enemigo no la use como un punto débil del cual nos puede tomar y destruir, que la verdad sea nuestro punto fuerte y no la debilidad.
