Firmes en el día malo.

man wearing brown suit

Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz. Ef 6:13–15.

Pablo urge a los creyentes a que se pongan la armadura de Dios, la dependencia de Él, para que puedan resistir para el día malo; lo que da a entender que esta no está hecha para pelear, pues el único que puede pelear y salir victorioso es Cristo, y ya lo ha hecho en la cruz del calvario (Col. 2:15). Los creyentes tienen una armadura para la defensa, no para que peleen contra el diablo; la victoria ya le fue asegurada por Cristo (Ef. 6:13).

La idea que Pablo tiene es que eventualmente los creyentes serán atacados por Satanás y sus huestes, y que para ese día cada uno debe estar preparado; el hecho de que no se esté en combate constante no significa que no vendrá uno. De este modo, cuando el ataque llegue, no encontrará a nadie desprevenido. La arrogancia de algunos creyentes y el descuido de otros han hecho que los ataques del enemigo los encuentren desarmados y sin escudos, cometiendo así pecados impensables y siendo arrastrados en las trampas en el día malo (Pr. 16:18).

La posición de los creyentes ante el mundo debe ser estar firmes, una posición de victoria y alerta, para que den testimonio de la posición en la que se encuentran (Ef. 6:14). No debe encontrar el enemigo a un soldado dormido y relajado en su puesto, porque entonces lo destruiría en momentos (1 Ts. 5:6). El defensor debe estar alerta por amor a su vida y para cuidar a quienes lo rodean.

Lo que los apóstoles enseñaron a la iglesia es que cada uno debía estar alerta para que siempre dieran fruto y que se cuidaran para que no lo perdieran (2 Jn. 1:8). Pero una persona, después de guiar a otros, por sus descuidos puede venir a ser eliminada (1 Co. 9:27). Cuando un creyente no está firme en su lugar, puede ser destruido y perderá su recompensa. El consejo de victoria es que nos sometamos a Dios para que podamos resistir al diablo (Stg. 4:7).

Una última alerta para que nos pongamos toda la armadura y para que estemos firmes es la que Pedro le da a los creyentes: el adversario, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 P. 5:8). No está calmado ni tranquilo con el crecimiento de la iglesia; es de ingenuidad pensar que Satanás no atacará a quienes sirven con amor y disciplina al Señor. Devorará a quien esté de frente y sin la dependencia de la armadura de Dios.

Hermanos, no debemos pecar de ingenuos o de soberbios; nuestro enemigo es poderoso para hacernos caer. Si no estamos dependientes de la gracia de Dios y con las manos en la armadura firmes, cuidando de nosotros mismos, seremos devorados por Satanás. Muchos hermanos han caído en la batalla porque pensaron que no serían atacados; como sabios hijos de Dios, aferrémonos a la armadura porque el día malo en que seremos probados pronto llegará y debemos salir victoriosos en el poder de nuestro Señor Jesucristo (Ef. 6:10-11).