El deber de Revestirse con toda la armadura de Dios.

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Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Ef 6:11–12.

Revestirse es una expresión común de Pablo; primero manda a los creyentes a vestirse del nuevo hombre (Ef. 4:24) y ahora de la armadura de Dios. Lo que sugiere este texto es que ponerse esa armadura termina siendo en beneficio propio; no es raro que Pablo use la imagen de la armadura, dado que vivía rodeado de soldados que lo custodiaban (Hch. 28:16), de ahí que entienda la importancia de cada parte de ella.

La idea es que los creyentes no estén seleccionando las partes que más les interesan de la armadura, sino que vean cada parte como un todo necesario para la supervivencia ante los ataques del enemigo. Ninguna parte de la armadura es innecesaria; toda y cada una de ellas está hecha para la defensa y para el ataque, jugando el rol necesario para la batalla que cada uno enfrenta (Ef. 6:13).

La armadura también es importante porque el diablo está tratando de engañar y acechar al creyente con artimañas para hacerlo tropezar (Ef. 6:11). El peor error que puede cometer un cristiano es pensar que la batalla contra sus enemigos ya fue ganada sin antes pelearla. Los creyentes están siendo tentados por la carne, por Satanás, y los engaños surgen una y otra vez para que caigan y sus vidas sean arruinadas por el pecado y el servicio al Señor se vea entorpecido (1 P. 5:8). Cuando el creyente cae en las artimañas del enemigo, luego es acusado para que sienta vergüenza y se aleje del servicio a la iglesia (Ap. 12:10).

Lo increíble de este enemigo es que nos obliga a escoger entre lo bueno y lo excelente; hay que tener un tacto muy desarrollado porque se presentará delante de nosotros como un ángel de luz con sugerencias que parecen buenas, y aun él se presentará como ángel de luz para confundir a los creyentes (2 Co. 11:14). De ahí que cada pieza de la armadura sea necesaria para poder resistir y luchar en las condiciones y con la pericia necesarias.

Satanás siempre ha sido conocido por ser padre de mentira y el más orgulloso que se relata en las Escrituras (Jn. 8:44); es por ello que los creyentes deben tener cuidado de no estar siendo arrastrados al error por negligencia. Cuando un creyente deja la armadura botada, se le olvida que es necesaria; entonces se vuelve una víctima del engaño y del error del enemigo.

Hermanos, no podemos confiar en nuestras fuerzas para luchar contra Satanás; debemos confiar plenamente en el poder de Dios para que, al luchar contra las potestades y principados de las tinieblas, podamos salir vencedores en el poder de quien es todopoderoso para darnos la victoria (Ef. 6:12). Para ello es necesario que seamos conscientes de la necesidad y la dependencia que tenemos cada día del Señor y que no nos dejemos engañar pensando que esta batalla la podemos luchar solos.