Dios hace más de lo que le pedimos.

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Y a Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén. Efesios 3:20–21

Pablo cierra este capítulo dando gloria y honra a Dios por todo lo que ha hecho en medio de la humanidad y a favor de ella. Estos versículos concluyen el tema de la salvación, del conocimiento previo de Dios y de la elección de aquellos que habrían de ser salvos. También cierran el tema de la unidad entre judíos y gentiles en un solo cuerpo: la iglesia.

Pablo dice que Dios es poderoso para hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos. Esto es extraordinario, porque muchas veces ni siquiera sabemos qué pedir, ni entendemos realmente lo que necesitamos. Otras veces olvidamos pedir y vivimos pensando que Dios no puede actuar en nuestras vidas. Sin embargo, Él es mucho más poderoso que nuestras limitaciones y puede dar más de lo que imaginamos (Jn. 14:12–14).

Dentro de las cosas que Dios da, aun cuando nadie se las pide, está la salvación. El ser humano es incapaz de buscar verdaderamente a Dios y encontrar por sí mismo la vida eterna. Pero el Padre envió a Su Hijo para salvar a todo aquel que cree y añadirlo a Su iglesia (Jn. 3:16). Estas misericordias tan grandes muestran claramente que Dios da mucho más de lo que el hombre podría pedir. El contexto principal de estas palabras no es el de las peticiones materiales o especiales, sino el de la salvación. Si Dios nos dio a Su Hijo cuando no lo buscábamos, también nos dará con Él todo lo necesario (Ro. 8:31–32).

En el fondo, es el poder de Dios obrando en cada creyente lo que lo guía hacia la vida eterna. En ese camino, el Señor va transformándolo a la imagen de Jesucristo. Lo santifica, lo fortalece y lo hace crecer en la fe de maneras que muchas veces ni siquiera entendemos o pedimos, pero que Él sabe que son necesarias para nosotros (Stg. 1:17).

Por eso el apóstol Pablo da toda la gloria y la honra a Dios y a Cristo Jesús por todas las generaciones y por todos los siglos. Esta es una expresión muy propia del pensamiento hebreo: exaltar el nombre de Dios eternamente y reconocer que no debe existir una sola generación que deje de glorificarle. Toda la creación, en todo tiempo, debe rendir honra al Señor por los siglos de los siglos (Fil. 2:9–11).

Esta expresión de Pablo también debe traer paz al corazón del creyente. Si Dios nos salvó cuando no lo buscábamos, si nos encontró cuando lo rechazábamos y nos dio vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados, entonces podemos descansar en que Él seguirá obrando en nosotros. Dios es poderoso para hacer mucho más de lo que alguien podría pedir o imaginar. Por eso el futuro del creyente está seguro en Cristo, por la gracia de Dios manifestada en salvación y vida eterna para todos los que han creído.

Por esta razón, nosotros también deberíamos unirnos a las palabras del apóstol Pablo y pedir que el nombre de Dios sea glorificado en medio de la iglesia y por todas las generaciones. Él es digno de toda honra, porque nos amó, nos salvó y continúa sosteniéndonos cada día por Su gracia.