Fortalecidos conforme a las Riquezas de Su Gloria

Hands clasped in prayer over an open book, symbolizing spirituality.

“Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior; de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones.” Efesios 3:16–17.

En esta oración, Pablo le pide a Dios que los creyentes sean fortalecidos con poder, y que ese poder venga del Espíritu Santo para fortalecer el hombre interior. Aunque esta petición parece sencilla, en realidad refleja la profundidad del deseo del apóstol por la vida espiritual de los creyentes.

En primer lugar, el apóstol apela a las riquezas de la gloria de Dios para que, conforme a ellas, cada cristiano reciba de su gracia (Ro. 5:5). Cuando un creyente entiende que las riquezas de la gloria de Dios son infinitas y eternas, comprende también que el poder de Dios no tiene límite. Por eso Pablo desea que esa misma grandeza y poder se manifiesten en medio de la iglesia y en la vida de cada creyente (2 Co. 2:14).

Ahora bien, ser fortalecidos con el poder del Espíritu Santo es indispensable para las luchas espirituales que todo creyente enfrentará a lo largo de su vida. Este poder divino es el que trae paz, firmeza y seguridad en medio de cualquier circunstancia, especialmente en aquellas pruebas que vienen por causa del evangelio. Las guerras espirituales y los ataques que el enemigo levanta contra la iglesia solamente pueden ser sobrellevados por el poder del Espíritu Santo que mora en el corazón del creyente (2 Ti. 4:17).

Ser fortalecidos en el hombre interior significa que la fe crezca y que la esperanza eterna se convierta en la fuente de la fortaleza de cada creyente. Porque, a diferencia del cuerpo exterior, que se desgasta, envejece y se debilita, el hombre interior puede crecer, madurar y ser perfeccionado para la eternidad (2 Co. 4:16). La parte más importante del creyente es su vida espiritual, aquello que Cristo rescató por medio de la cruz, y ahora esa vida puede ser fortalecida por el poder del Espíritu Santo (Gá. 5:16).

El propósito de este fortalecimiento es que Cristo habite en los corazones de los creyentes; es decir, que Él sea el centro de sus vidas (Gá. 2:20) y reine en sus pensamientos, deseos y decisiones, para que toda la gloria sea dada a Dios. La oración de Pablo apunta precisamente a esto: que el creyente crezca espiritualmente hasta que Cristo gobierne plenamente su corazón y su mente (1 Ti. 1:5). Y que, en medio de cualquier necesidad espiritual, sea el mismo Espíritu Santo quien lo fortalezca y lo haga crecer.

Esta es una obra que solamente Dios puede hacer, y por eso Pablo la pide al Padre celestial conforme a sus riquezas en gloria. Como creyentes, deberíamos anhelar cada día ser fortalecidos por el Espíritu Santo y que Cristo habite más profundamente en nuestros corazones, para depender más de Él y crecer a la imagen suya (2 Co. 3:18).

Debemos crecer en la esperanza de su venida y andar conforme a la santidad que Él merece (Col. 2:6). Sin embargo, rara vez oramos para ser fortalecidos por el poder del Espíritu, aun cuando esta es una necesidad diaria para todo creyente que desea permanecer firme y luchar contra el enemigo. Por lo tanto, deberíamos constantemente recordar esta petición y elevarla en favor nuestro y de nuestra iglesia.