Edificados sobre el único fundamento

Concrete building under construction, blue sky in background.

Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. En Cristo también ustedes son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2:20–22)

Ahora los cristianos en Éfeso son confrontados con otra realidad de la vida cristiana y de las bendiciones que han recibido. El apóstol Pablo les recuerda que están edificados sobre el fundamento de los apóstoles (1 Co. 3:10–11). En otras palabras, ellos han recibido de los apóstoles la revelación de Dios y la doctrina necesaria para poder andar conforme a la fe. El fundamento que los apóstoles han puesto en los creyentes es Cristo, y nadie puede poner otro.

Lo que Pablo les está diciendo es que Cristo es quien sostiene todo el edificio como piedra angular (Hch. 4:11). Los apóstoles les enseñaron todo lo concerniente a la fe y a la vida que proviene de Él. Por eso, su fe está bien fundamentada y va creciendo de manera sólida, de modo que nadie podrá destruir el edificio que descansa en Cristo, es decir, la iglesia (Mt. 16:18).

A medida que el Espíritu Santo obra, los creyentes van creciendo. Él salva a otros para seguir edificando el templo, y al mismo tiempo edifica la vida de cada cristiano (1 Co. 6:19–20). La meta final es que cada creyente sea presentado delante de Dios sin mancha ni arruga, purificado y santificado por la obra de Jesucristo y por la obra del Espíritu Santo que mora en ellos (Ef. 5:27).

En realidad, Pablo les está mostrando que ellos son el cumplimiento de la promesa de Cristo a los apóstoles: que Él vendría y moraría con ellos, y que el Padre los amaría (Jn. 14:23). El deseo de Jesucristo es que la iglesia sea una, así como Él y el Padre son uno (Jn. 17:21–23), y que ese amor se manifieste entre los creyentes, ya que son un mismo cuerpo y un mismo edificio con un fundamento firme.

La salvación es mucho más de lo que muchas veces pensamos. Va más allá de la idea de que no hay condenación para los creyentes. Es una realidad viva y constante que se manifiesta en cada área de la vida de la iglesia. Mientras la iglesia crece, el pueblo de Dios puede estar seguro de que Él la sostiene, siempre y cuando la roca sobre la cual está fundamentada sea Cristo.

Como creyentes, debemos reconocer nuestra necesidad de ser edificados por el poder del Espíritu Santo y dejarnos guiar por Él, para que la obra de Dios sea visible en nosotros y en quienes nos rodean. Solo así podremos dar testimonio de que nuestra vida está verdaderamente escondida en Cristo con Dios.