EL deber de amar a las esposas como Cristo manda.

A bride and groom holding hands on a sandy beach at low sun

Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Ef 5:25–27.

Para entender la profundidad del amor de Cristo por la iglesia que debe ser imitado por los maridos, Pablo resume la acción y el objetivo buscado. Jesús amó a la iglesia y se entregó por ella; esto parece una acción simple, pero tiene muchos matices. El primero que hay que ver es la humillación a la que se sometió a sí mismo al hacerse hombre (Fil. 2:5–8). Lo que significa que la obra amorosa de Cristo fue sin ningún atisbo de orgullo (Prov. 16:18).

La acción de entregarse no solo fue humillante, fue sacrificada hasta la muerte de cruz (Fil. 2:8); lo que nos muestra este pasaje es revelador. Lo que se espera de un hombre que ama a su esposa es que esté dispuesto a sacrificarse por ella, a dar la vida si es necesario y a someterse a humillación con tal de protegerla, así como lo hizo Cristo (Jn. 10:11–15). La exigencia para un marido es muy alta, pero no es más que lo que ha recibido de parte del Señor al ser rescatado de la muerte eterna (Ro. 5:8).

El amor de Cristo por la iglesia también persigue un objetivo: presentarla a ella santa e inmaculada. El objeto final es que ella no tendrá mancha moral o espiritual alguna. A causa de su gran amor por ella, al final de los tiempos se verá su victoria sobre la muerte y el pecado al mostrar a la iglesia lavada y purificada sin mancha delante del Padre (Ap. 19:7-8). Por lo tanto, todo el amor que se ha mostrado es búsqueda del bien del ser amado, en este caso la iglesia.

El conocimiento del argumentario de Pablo lleva a entender qué es lo que Dios espera de los varones casados, lo que demanda de ellos, porque ya Él dio ejemplo al entregar a su Hijo hasta la muerte por amor (1 Jn. 4:10). Los varones por lo tanto deben conocer este amor. Los conflictos que tienen muchas veces los matrimonios es porque los varones son incapaces de reconocer el amor que han recibido y por lo tanto son incapaces de replicarlo con la persona con la que están casados.

Es notorio que el amor de Cristo fue incondicional: primero amó, luego se entregó con el fin de purificarla. En este sentido también como varones de la iglesia debemos entender la necesidad que tenemos de amar incondicionalmente a las esposas. Algunos le han dado un sentido carnal al amor diciendo que aman a sus mujeres porque de esa manera reciben los beneficios; no hubo ningún beneficio para Cristo al entregarse hasta la muerte para salvar a la iglesia (Ef. 2:4-5).

Hermanos, debemos estar preparados para amar y cuidar a las esposas para que ellas sean protegidas. Como iglesia debemos enseñar y guiar a los varones de la iglesia para que aprendan a ser servidores de sus esposas (Mt. 20:28). Los matrimonios deben ser protegidos y la única manera de hacerlo es enseñándoles a los cónyuges sus deberes delante de Dios; así como la mujer debe someterse a los varones por el temor al Señor, el hombre debe entregarse hasta la muerte si es necesario con tal de amar hasta lo sumo como lo hizo Cristo.