La sujeción en el Señor, prt 2.

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Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor.Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Ef 5:22–24.

El sometimiento que las mujeres deben a sus maridos no es por la excelencia de ellos o por la forma como las tratan; una mujer santa sabe que se somete a su marido debido a Cristo. El matrimonio lo que hace es representar las relaciones que existen entre Dios y su pueblo. El Señor es quien tiene la primacía, el que gobierna a todos y el que está por encima de todo (Ef. 1:22–23). La realidad de que Cristo es el Señor debe estar modelada en la relación matrimonial; ese es el mandato que se nos ha dejado (Fil. 2:9-11).

Por otro lado, el marido es el responsable del hogar delante de Dios; esta es una cuestión muy delicada a la que se le debe prestar atención. Quien dará cuentas al Señor de cómo se ha sometido su hogar a la luz del evangelio es el varón; por lo tanto, esta posición de cabeza no es solo de autoridad, es de ocupación. El varón debe ocuparse del bienestar de su esposa y ella debe someterse a él (1 Co. 11:3, 1 Pe. 3:7).

Pero la verdad es que vivimos tiempos peligrosos en los que las relaciones de parejas están quebrantadas, y parece que la relación entre la iglesia y Dios también lo está, como en el Antiguo Testamento (Jer. 3:6–18; 31:31–34). La razón por la que hoy los matrimonios padecen tanto, las separaciones se han vuelto la normalidad y la rebeldía es el común denominador, es porque la iglesia misma ha caído en ese pecado contra Dios (2 Ti. 3:1-2).

Cuando la iglesia deja de modelar lo que significa estar sujetos a Cristo, es difícil ver hombres responsables en los matrimonios y mujeres sujetas al Señor. Lo que ha pasado es que nuestras relaciones pecaminosas son el reflejo de cómo observamos y contemplamos la gloria del Señor; a medida que el temor a Él se pierde y se desconoce su autoridad, todas las relaciones sociales caen en un ambiente de pecado. Pero en el temor al Señor, y como autoridad, Él ha mandado a que estemos sometidos los unos a los otros como conviene (Ro. 13:1, 2, Ef. 5:21)

Indefectiblemente, el concepto que tenemos de Dios afectará todas las relaciones que tenemos con el prójimo (Ef. 5:15–17). Debemos buscar y entender cuál es la voluntad del Señor e ir en pos de ella. A medida que el temor al Señor crezca en medio de la iglesia, las relaciones matrimoniales mejorarán, los varones serán mejores líderes delante de Dios y las mujeres comprenderán la necesidad de sujetarse. (Pr. 1:7)

Hermanos, enseñar la sujeción a las mujeres y el deber de ser cabeza de hogar es una responsabilidad de todos; modelar el carácter de Cristo es una responsabilidad de cada uno de nosotros, pero no podemos hacerlo en nuestras fuerzas. Se hará más fácil a medida que conozcamos a Dios y andemos temerosamente delante de Él. Si no tenemos un temor reverente hacia Cristo, ni la mujer se someterá a su marido, ni el varón querrá gobernar su casa en santidad y amor. El temor al Señor solo se puede modelar en nuestras vidas a medida que nos vamos sujetando a Él, porque conocemos y reconocemos su autoridad (Jos. 24:15).