La Responsabilidad del Creyente delante del Señor.

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Sirvan de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. Y ustedes, amos, hagan lo mismo con sus siervos, y dejen las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y de ustedes está en los cielos, y que para Él no hay acepción de personas. Ef 6:7–9.

La conclusión de Pablo en cuanto a lo que debe hacer el siervo delante de su amo es lo mismo que debe hacer el creyente en general. Todos, independientemente de cuál sea su posición, deben servir a los demás como para el Señor (Ef. 6:7). Porque en el fondo todos los cristianos quieren servir al Padre de la gloria y al menos deben aspirar a ser aprobados por Él (2 Ti. 2:15). En este sentido, cualquiera que sea la posición o el trabajo que se realice, todos deben hacerlo para la gloria y la honra del Señor (1 Co. 10:31).

La sentencia es clara: lo que el creyente siembre, eso recibirá; lo que Dios ve en lo secreto lo traerá a la luz (Mt. 6:4). Cuando un jefe es incapaz de ver y de agradecer el buen servicio que le dan los creyentes, el Señor lo puede ver y lo recompensará porque Él es justo. Así que la idea de trabajar no para ser vistos, sino para el Señor, será recompensada, porque en el secreto de la devoción, una persona que honra a Dios es bendecida, recibiendo de Él la honra que los hombres son incapaces de dar (Col. 3:24).

Por otro lado, los amos deben dejar las amenazas; en otras palabras, los creyentes debían tener un trato humano con los esclavos y, por relación, los patronos con sus empleados (Ef. 6:9). Los creyentes deben tener un ambiente sano para los trabajadores para que el nombre del Señor no sea blasfemado. Cuando un patrono es cruel y maltrata a sus trabajadores, no queda espacio para que el evangelio sea predicado y que el mensaje de la cruz sea atendido (Col. 4:1).

Como en todas las relaciones humanas, lo que se busca es que los creyentes modelen a Cristo y que, al conocer las Escrituras, sean temerosos. Cuando las familias, la sociedad y los lugares de trabajo son gobernados por las Escrituras, mejorará el ambiente y el nombre de Cristo podrá ser predicado (Fil. 2:15). Por la actitud de muchos trabajadores y empleadores, los oídos se cierran al evangelio, porque son incapaces de modelar lo que dicen creer (Tit. 2:10).

Es importante entender que, a pesar de que el mundo separa a las personas entre ricos y pobres, jefes y trabajadores, Dios juzgará tanto a unos como a otros; todos deberán dar cuenta (Ro. 14:12). Esto es especialmente relevante para los creyentes que tenían esclavos, así como se juzgará el trabajo de aquellos que están bajo servidumbre; se juzgará las acciones de quienes son sus amos. El Dios único y verdadero juzgará tanto al amo creyente como al esclavo creyente, y es lo mismo para nuestra sociedad: el mismo Dios que juzga al trabajador juzga al empleador sin excepción alguna (Hch. 10:34).

Hermanos, recordemos que nuestro jefe supremo es Dios y que Él nos ha puesto en medio de la sociedad para que la luz del evangelio bien modelada llegue hasta cada persona en el mundo (Mt. 5:16). Por ello, a algunos los ha puesto como trabajadores y a otros como patronos; todos con la misma responsabilidad de llevar el mensaje de la cruz a aquellos que los rodean (1 P. 2:12).