El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. Ef 4:28.
Los cambios que hace el Espíritu en la vida de quienes han nacido de nuevo son tan evidentes como extremos. Esto significa que andar como Cristo demanda requiere que los seres humanos hagan cambios radicales; cuando dicen que son hijos de Dios, entonces deben andar de la manera enseñada por las Escrituras (2 Cor 5:17).
La demanda de un cambio de mente en este pasaje es particularmente interesante. Muchos de los que habían creído tenían malas costumbres como robar y hurtar; eran personas que por su pasado pagano no trabajaban, porque vivían de las fiestas y de los peregrinos que llegaban a la ciudad a las celebraciones paganas. Todo este contexto hace comprensible que Pablo haga este llamado a la iglesia, para que abandonen las prácticas que deshonran a Dios (1 Corn6:9-11).
El llamado surge de lo que para los judíos ya era una tradición (Ex. 20:15); la ley que se enseñaba en las sinagogas les mostraba que Dios aborrece robar. Este dato es importante porque también muestra las circunstancias que surgían de la pluralidad que había en la iglesia. Los distintos grupos que había hacían necesario que se señale algo tan obvio para algunos, pero desconocido para otros. También debemos enseñar esta realidad en la iglesia, especialmente porque el Señor enseñó a pagar impuestos; en nuestra sociedad la evasión se ve muy natural cuando las Escrituras se oponen tajantemente a ello (Ro. 13:1, 7).
Por las circunstancias que tenemos hoy, es menester que los creyentes aprendan a vivir como es digno del evangelio: trabajando, pagando los impuestos, honrando a las autoridades y al rey (1 Pe 2:13-14). En este proceso de emprendimiento y de trabajo duro, Dios proveerá al creyente lo necesario para que viva y para que pueda participar de la bendición de dar a los demás cuando estos lo necesiten (Hch 20:35). Note que la expresión trabajar está ligada a hacer lo que es bueno, lo que se apega a las leyes, algo que es legal y no perseguido por las autoridades; ese tipo de trabajo es el que honra al Señor.
Lo que la Biblia enseña es que las personas deben trabajar honradamente, pagando sus impuestos, y que su trabajo debe tener como fin último adorar a Dios (Col 3:23). Por eso este trabajo debe ser legal en todas sus extensiones para que, al final, con el esfuerzo de sus manos puedan colaborar con los más necesitados que están en medio de la iglesia y que por sus condiciones no pueden trabajar: viudas, huérfanos, perseguidos, entre otros grupos de hermanos que padecen por la causa de Cristo (Stg 1:27).
Hermanos, no nos basta con trabajar con nuestras propias manos, hay que hacerlo honradamente, con la convicción de que Cristo es quien nos demanda no ser iguales al mundo que desprecia el orden y a las leyes (1 Tes 4:11-12). Solo sometiéndonos a Cristo podremos andar como Él anduvo.
