La necesidad de hablar verdad.

opened book on wooden surface

Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLEN VERDAD CADA CUAL CON SU PRÓJIMO, porque somos miembros los unos de los otros. Ef 4:25.

Los creyentes deben ser sinceros y hablar la verdad siempre a sus hermanos, porque se le debe a cada uno hablar con honestidad, especialmente cuando la Biblia nos dice que somos miembros los unos de los otros. Como un solo cuerpo, nos hacemos daño a nosotros mismos y al cuerpo de Cristo cuando la falsedad y la mentira forman parte de la comunidad (1 Cor 12:26).

Lo que se necesita para que el cuerpo de Cristo crezca es confianza, para que los creyentes tengan esa claridad y esa disponibilidad para hablar con toda honestidad, sin engaños (Pro 12:22). Una de las cosas que más daño le hace a la iglesia es la desconfianza entre los mismos creyentes, allí donde no se puede descansar ni confiar en las palabras de los otros hermanos.

Hablar la verdad también impulsa el deseo de servir al Señor como un solo cuerpo. La confianza que genera el que los creyentes sean honestos hace posible que se puedan emprender objetivos y saber claramente con quién se cuenta para ir en pos de las metas que se plantea la congregación (Amós 3:3). Lo contrario ocurre cuando no hay confianza en el compromiso ni en la veracidad de los que dicen ser creyentes, pues bajo esas condiciones poco se puede emprender.

La verdad también nos permite depender, como un solo cuerpo, los unos de los otros. Cuando conocemos a las personas que nos rodean y la verdad es una característica en común, podemos depender de los demás creyentes, encargarles nuestras oraciones (Snt 5:16), compartir nuestras necesidades y esperar que estos hermanos nos sostengan cuando necesitemos de ellos, para que como un solo cuerpo nos podamos restaurar y apoyar los unos a los otros (Gá 6:2).

La verdad duele muchas veces, pero es lo necesario. Los creyentes necesitan escucharla aunque les disguste, les moleste o les incomode; solo por medio de la verdad se puede crecer juntos (Gá 4:16). Tener miedo a decir la verdad a los demás por temor a sus reacciones lo único que hace es detener el crecimiento espiritual. La verdad es completamente necesaria para que la santidad florezca en medio de la iglesia por medio de las exhortaciones y las disciplinas (Pro 27:6).

En todo caso, deberíamos aprender de Cristo, quien habló la verdad a todos: fariseos, incrédulos y discípulos; a todos por igual (Juan 8:40). Ya que Él no nos ha negado la verdad, nosotros nos debemos la verdad los unos a los otros. Hermanos, dejemos todo vestigio de falsedad. La manera en la que podemos dar testimonio al mundo de que somos creyentes es que las personas nos vean actuar y hablar con integridad. En un mundo lleno de mentiras, decir la verdad es lo que nos hace dar luz a este mundo lleno de tinieblas (Fil 2:15).