Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLEN VERDAD CADA CUAL CON SU PRÓJIMO, porque somos miembros los unos de los otros. Ef 4:25.
La Biblia nos deja varios ejemplos para que entendamos en la práctica lo que significa lo que es vivir vestido del nuevo hombre y despojarse del viejo hombre. Pablo va a dar una lista de formas y comportamientos que deben tener todos aquellos que dicen haber creído en Cristo, detallando cómo debe ser el testimonio del creyente en su entorno (Ef. 4:25–5:18).
La primera forma en la que debemos mostrar que hemos sido revestidos por Cristo es dejando la falsedad. Lo que Pablo dice que hay que hacer con el viejo hombre es lo mismo que debe hacer con la falsedad: desecharla, dejarla afuera del vivir diario. Es un mandamiento directo para los creyentes: dejen el viejo hombre, dejen la falsedad (Col 3:9). Los creyentes deben estar conscientes de que, al ser revestidos por Cristo, deben comportarse como Él (1 Jn 2:6).
La cultura en la que vivían los efesios y de la cual provenían no es diferente a la que hoy tenemos en nuestras regiones: paganismos, idolatrías y faltas graves a la moral (1 Cor 6:9-10). Para los efesios la mentira era parte de su vida, la palabra de ellos no tenía tanto valor ni se le daba valor y esto los hace merecedores del castigo eterno (Ap. 21:8). Los creyentes son llamados a dejar esa falsedad y que empiecen a hablar solo verdad y que no se atrevan a engañar a sus hermanos; este es un mandato antiguo que se le ha exigido al pueblo de Dios (Zac. 8:16).
La falsedad también es aquella actitud de dar una apariencia que se aleja de la verdad, de ahí que Jesucristo llame a los fariseos hipócritas (Mt 23:27-28) y además los acusó de ser hijos del diablo por sus obras falsas y sus maneras de vivir (Jn. 8:44). Como creyentes, debemos evitar dar una falsa imagen de nosotros mismos y de ocultarnos tras falsos vestidos de piedad y de religiosidad (2 Tim 3:5).
Otra forma de andar en falsedad es exagerando las situaciones para que quienes los rodean caigan en trampas y, engañados por una media verdad, sean inducidos al error o a reproducir una mentira de la cual no se es consciente (Pro 19:9). Todas estas formas de falsedad deben ser dejadas de lado para que sea evidente que la obra de Cristo ha sido realizada en nuestros corazones.
Hermanos, en nosotros no debe haber engaños; debemos ser honestos delante de Dios y delante de los hermanos (2 Cor 8:21) para que cada uno de nosotros pueda ser transformado y edificado por la Palabra de Dios. La exhortación es para que, al ser puestos de frente a la verdad, podamos ser transformados a la imagen de Cristo. El peligro que tenemos hoy es que nos volvamos hipócritas y llenos de falsedad; debemos dejar todo esto y empezar a ser transformados por Cristo mediante el poder del Espíritu (Rom 12:2).
