La disciplina e instrucción del Señor.

a person holding the hand of a child

Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor. Ef 6:4.

El mandamiento del Señor es que los hijos no deben ser provocados a ira, pero sí deben ser criados en la disciplina. El Señor les da la autoridad a los padres para que hagan lo necesario para que los hijos sean socialmente adaptados y que estén bajo el conocimiento de Dios. La verdadera dependencia de los padres de las Escrituras los llevará a guiar a los hijos a esa realidad de vida. En el fondo, lo que se espera es la transmisión del conocimiento divino (Dt. 6:6-7).

La disciplina del Señor es muy importante para que la disciplina en el hogar funcione; en este aspecto, un padre que no entiende que Dios está en constante corrección y amonestación con su iglesia, y que la puede formar en la esfera del amor, no ha entendido la urgencia con la que debe actuar en su hogar (Heb. 12:5–7). La falta de conocimiento de Dios y de la benevolencia de la disciplina hace que en los hogares cristianos se aborrezca algo que el Señor hace con amor y en favor de su pueblo (Ap. 3:19).

Algunos han querido desdibujar la palabra disciplina y la quieren borrar porque les parece que es muy fuerte; entonces la traslapan entre corrección e instrucción. La palabra disciplina tiene más que ver con un entrenamiento, donde se incluyen órdenes, amonestación, reproche y castigo. Pero normalmente esta palabra está más ligada al castigo de Dios por no escuchar la amonestación y el llamado a la santidad (Pr. 3:11-12).

Así que la crianza debe hacerse con firmeza y el hijo sabio entenderá y agradecerá la corrección (Pr. 15:5). Es importante entender que es una necesidad la disciplina en el hogar; no fue algo que el hombre se haya inventado. La disciplina correcta y en amor alejan a los niños de la necedad (Pr. 22:15). Mientras una disciplina airada lo hará crecer en la necedad al ser provocado a ira, la disciplina en el Señor le otorga la oportunidad de aprender la integridad (Pr. 20:7), guiándolo por el camino de la justicia (Pr. 22:6).

Es importante notar que Dios quiere que los hijos sean guiados a su instrucción, por lo que se requiere que los padres sean entendidos de la sabiduría divina. La instrucción y el evangelio deben ir de la mano; un concepto real de un Dios amoroso, cuidadoso, que salva del juicio eterno, pero que disciplina para que su pueblo no se pierda. Debemos imitarlo para que los pequeños tengan ese mismo concepto de sus padres (1 Jn. 4:16).

Hermanos, el mundo no quiere que los padres disciplinen a sus hijos, pero recordemos que el mundo no conoce a Dios y lo que una familia cristiana debe hacer es reflejar lo que Él es. Cuando el mundo ve a niños bien educados, sometidos a sus padres, amados y amorosos, se sorprende porque esa no es la norma del mundo. No se les impone a los niños el evangelio, pero van creciendo en un ambiente donde reina Cristo y le aprenden a temer. La disciplina santa en el hogar trae gloria a Dios; un exceso de disciplina trae rebeldía y la falta de esta produce necedad en el corazón de los muchachos (Col. 3:21). Cuidemos nuestros hogares y crezcamos juntos en la disciplina del Señor.