La necesidad de capacitar a los santos prt 4

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Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Ef 4:11–13.

El trabajo en el que debe involucrarse toda la iglesia es la edificación del cuerpo de Cristo; todos estamos llamados a formar parte de ello, sin excepción. Si bien es cierto que el ambiente debe estar preparado para que cada uno sea entrenado y equipado para la obra del ministerio, cada uno debe dar cuentas a Dios por lo que ha recibido y cómo lo utiliza para Su gloria (Romanos 14:12).

La meta es que todos lleguemos a ser uno en la fe, con una sola meta y con una sola esperanza. Que el cuerpo, con todas las capacidades que tiene, se coordine y se encamine hacia Cristo. Todos respondiendo a la vez a las órdenes del mismo Señor, guiados por la cabeza y llevados por el Espíritu juntos hacia el conocimiento del Hijo de Dios (Efesios 4:13).

Lo que Pablo quiere decir es que la iglesia puede desarrollar una madurez completa, todos juntos, si nos involucramos en la edificación de la iglesia y en la obra del ministerio. Lograremos crecer juntos; de lo contrario, nunca seremos un cuerpo y la iglesia parecerá una muñeca desarmada con miembros separados los unos de los otros (1 Co. 3:1–4).

El creyente debe estar constantemente madurando en su fe; debe crecer en ella, pensar con todo en la obra y presencia del Señor, y cada uno estar preocupado por dejar de ser niño en la fe (1 Co. 14:20). El trabajo debe ser continuo, constante y sin descanso, como lo hace un cuerpo natural: cada día crece y madura un poco más. Así, la iglesia debe estar creciendo constantemente (Fil. 3:13–14).

La meta de Dios es que seamos semejantes a Él en todo y que alcancemos su estatura (Ro. 8:29). Para eso dejó a los evangelistas y a los pastores, para que puedan ayudar a los santos a encaminarse hacia la imagen de Jesucristo. La única manera de hacerlo es capacitando a cada creyente para la obra del ministerio que Dios ha puesto en cada iglesia (2 Timoteo 3:16-17).

Hermanos, debemos preocuparnos por ocuparnos en la obra del evangelio y en las necesidades de la iglesia. Pero la necesidad primordial que tiene cualquier congregación es llegar a ser semejante a Jesucristo y alcanzar la madurez que solo la Palabra de Dios puede dar. Solo la enseñanza, el discipulado y el conocimiento profundo de Él pueden lograr esto en las almas de los cristianos. No hay ningún otro método: solo la edificación mutua por medio de la Palabra. Y una vez que la iglesia ha alcanzado el conocimiento de Cristo, se encaminará hacia la meta final: alcanzar la medida de la estatura de Él (Colosenses 1:28).