La necesidad de capacitar a los santos prt 3

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Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Ef 4:11–13.

Cuando una iglesia está bien fundamentada en la Palabra y se preocupa por hacer la voluntad de Dios, entonces los resultados son realmente espirituales. Cuando hay pastores que se preocupan por la iglesia, un abanico de ministerios se abre para que todos los creyentes estén ocupados haciendo la obra de Dios (Efesios 4:11-12).

Tanto los evangelistas (en la actualidad conocidos como misioneros) como los pastores tienen el deber de capacitar a los creyentes para que sean útiles en el cuerpo de Cristo, hallándose ocupados y haciendo uso de sus dones en medio de la iglesia. Lo que sucede es que, al no haber un trabajo de campo ni una dedicación constante a las ovejas (1 Pedro 5:2), es muy difícil capacitarlas para algo.

En la literatura se discute si es necesario un pastor a tiempo completo o misioneros a tiempo completo en medio de la iglesia. Sin embargo, al darse cuenta un pastor de que debe ir capacitando a cada creyente para que sea útil como ministro de Cristo, entenderá la necesidad de dedicar más tiempo a la iglesia: más tiempo al discipulado (2 Timoteo 2:2), a la enseñanza de la Palabra, a la consejería personal y a la delegación de las tareas de la iglesia.

No es raro encontrar iglesias donde los creyentes se sienten inútiles o no saben cuáles son sus dones. La razón de ello, muchas veces, es que no han sido capacitados para la obra del ministerio. Cuando los pastores no tienen tiempo, no hay actividades en la iglesia donde se pueda llevar el evangelio, hacer crecer la comunión o donde la iglesia pueda verse trabajando como un solo cuerpo; por lo tanto, será muy difícil capacitarlos para la obra del ministerio (Romanos 12:6-7).

Desarrollar el cuerpo de Cristo no es una tarea fácil. Hay que trabajar con los creyentes, con sus pecados, sus luchas y sus intereses personales. El deber de los misioneros y de los pastores es encargarse de esta tarea, para que los santos se ocupen en trabajar cada uno conforme a la medida de la fe que le fue dada y el don que han recibido de Dios. También es responsabilidad personal de todo creyente poner a disposición de la iglesia las capacidades que el Señor le ha dado, para que sirva a los hermanos en la fe (1 Pedro 4:10).

Hermanos, orar por el liderazgo de la iglesia no es cosa poca. Los creyentes deben ser conscientes de la necesidad real de que los pastores hagan lo que se les ha encomendado. Por eso, debemos trabajar como un solo cuerpo para ir instruyendo a quienes en el futuro servirán a la congregación de los santos y a los que tomarán el liderazgo. Este trabajo tomará años, pero toda la iglesia debe verse involucrada en este ministerio, para que toda la comunidad pueda reconocer a los líderes cuando el Espíritu se los señale, y pueda servir para la gloria de Dios y la edificación de las futuras generaciones (Hebreos 13:17).