La necesidad del ministerio de la Palabra prt 1

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Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor. Ef 4:14-16

A medida la edificación mutua entre los creyentes se desarrolla, la madurez espiritual crece A medida que la edificación mutua entre los creyentes se desarrolla, la madurez espiritual crece y los problemas disminuyen. Cuando la iglesia experimenta la unidad de la fe, la constancia de los hermanos y la madurez colectiva, los creyentes madurarán más rápido. Este deber que tienen los pastores de llevar el evangelio y la enseñanza de Jesucristo se va a ver reflejado en el nivel de madurez que la iglesia alcanza (Fil 1:27).

Solo mediante la enseñanza profunda y real de las Escrituras se puede equipar a los creyentes; no hay otra manera. Si no se predica todo el consejo de Dios (Hech 20:27), difícilmente se evitará que los creyentes sean sacudidos por los falsos maestros y los engaños en medio de tanta información. Un pastor desanimado o que ignora las Escrituras difícilmente va a poder guiar a otros a la madurez espiritual. Así que el reto de dedicarse al estudio y a la predicación de la Palabra no es sencillo; es de tiempo completo, requiere seriedad y disposición (2 Timoteo 4:2), porque son las almas que Cristo compró las que han sido puestas en las manos de los pastores, y de ellas darán cuentas (Heb 13:17).

Hoy tenemos la bendición de la sobreinformación. Podemos estudiar casi cualquier tema sin salir de casa, sin tener que hacer viajes largos o acudir a grandes bibliotecas. Todo esto tiene un costo: los grandes focos de información no necesariamente son fuentes de verdad. Lo mismo pasa con las Escrituras; los creyentes pueden estudiar cuanto tema quieran en la comodidad de su hogar, pero si no han alcanzado la madurez necesaria, rápidamente su cabeza se llenará más de dudas que de certezas (1 Tim 6:4-5), apartando su oído de la verdad para volverse a las fábulas (2 Tim 4:4).

La idea es que los falsos maestros quieren inducir al error a las personas, separándolas de Cristo por medio de filosofías, doctrinas de hombres y mentiras que se ocultan entre verdades para parecer reales (Col 2:8). Contra todo esto es que deben luchar los pastores, enseñando y llevando a la madurez a los cristianos. Guiar a la verdad y cuidar a las ovejas de lobos rapaces (Hech 20:29) no es una tarea fácil; requiere dedicación y esfuerzo.

Hermanos, si el Señor se preocupa por su iglesia enviando pastores y nos manda a que pidamos obreros para la mies (Mt 9:37-38), nosotros también deberíamos estar pidiendo que Dios mande obreros comprometidos que estén dispuestos a dejar lo que sea necesario para la edificación del cuerpo de la iglesia. No debemos pensar que la obra ya está terminada solo porque en la iglesia hay un pastor; hay que orar por ellos (Ef 6:19) para que se dediquen a la obra del ministerio como Dios demanda, para que sean fortalecidos en la fe y así puedan fortalecer a otros.