Nueva naturaleza, nueva manera de vivir

Two men in silhouette, one helping the other climb a wall at sunrise in Tirebolu, Türkiye.

 Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Ef 2:10.

Para ser salvos no sirven los remiendos; es necesario nacer de nuevo (Jn. 3:3). No se trata de mejorar lo viejo, sino de una nueva creación. Dios obra en aquellos que ha llamado a la salvación, haciéndolos nuevas criaturas para vida eterna (1 P. 1:3). Nos hace nacer de una simiente incorruptible, transformando nuestra naturaleza desde la raíz (1 P. 1:23). En resumen, Dios nos ha creado de nuevo en Cristo Jesús para cumplir Su propósito eterno.

Y ese propósito es claro: buenas obras. Jesús ya lo había enseñado: fuimos llamados a llevar fruto (Jn. 15:8). Estas obras no nos salvan, pero sí evidencian que hemos sido salvados. La Palabra de Dios forma en nosotros una vida que produce fruto (2 Ti. 3:17). Por eso Santiago afirma que la fe sin obras está muerta (Stg. 2:17): porque el nuevo nacimiento necesariamente produce una nueva manera de vivir.

Además, estas obras no son improvisadas; Dios las preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Es decir, no son eventos aislados, son un estilo de vida (Col. 3:9–10). Hemos dejado atrás el andar en la carne (Gá. 5:19–21) y ahora manifestamos el fruto del Espíritu (Gá. 5:22–26). Este cambio es tan profundo que demuestra que vivir en buenas obras no es una carga para el creyente, sino una consecuencia natural.

Si alguien ha nacido de nuevo, ha sido regenerado por el Espíritu y guiado por la Palabra, entonces su vida será dirigida hacia el bien. Pensar que hacer buenas obras es difícil contradice la nueva naturaleza que hemos recibido. Ahora llevamos la imagen de Cristo (Ro. 8:29), y ese proceso ya comenzó y será perfeccionado en la eternidad (1 Jn. 3:2).

Por eso Pablo puede decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:21). Ya no vive para sí mismo, sino para Aquel que lo salvó (Gá. 2:20). Esa es la evidencia de una vida transformada: todo gira en torno a Cristo.

Hermanos, hacer las buenas obras que Dios preparó no es una carga impuesta, es una necesidad de nuestra nueva naturaleza. Si decimos que somos de Él, debemos andar como Él anduvo (1 Jn. 2:6). Esto no es opcional; es tan esencial como respirar.

Así que ocupémonos de esto: estimularnos unos a otros a las buenas obras, para que nuestra vida refleje claramente que somos el pueblo de Dios.