La Unidad del Cuerpo de Cristo

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Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos (Ef. 4:4-6).

La unidad del cuerpo de Cristo solo se logra por el poder del Espíritu Santo que mora en la iglesia. Los creyentes son añadidos al cuerpo de Cristo mediante el bautismo del Espíritu; Él es quien les enseña todas las verdades acerca de Jesucristo y guía a cada creyente hacia la verdad. Es por Él que tenemos una comunión íntima y una misma meta.

Por otro lado, este Espíritu, que es único, es el que le da identidad a la iglesia (1 Co. 12:13). Dicho de otro modo, la iglesia se comporta de la manera en que lo hace porque el Espíritu Santo la guía para que pueda obedecer y crecer a la imagen de Jesucristo. También nos demuestra que la unidad no es una cuestión humana, sino que es la misma divinidad la que está trabajando para que la iglesia se conserve en un solo cuerpo (1 P. 1:2).

Hay dos cosas que se pueden concluir a partir de este planteamiento del apóstol Pablo:

  • En primer lugar, la unidad de la iglesia es una cuestión orgánica y que debería trabajarse por medio de una dependencia de Dios, para que esta crezca y se mantenga en medio de las circunstancias que pueda estar viviendo la iglesia (Ef. 2:21-22).
  • La otra cuestión es que la unidad no se puede fingir ni se puede imitar. Por mucho que una persona esté en medio de cristianos, se congregue en el mismo lugar por mucho tiempo y asista a todas las reuniones de la iglesia, si el Espíritu Santo no ha hecho la obra redentora en su corazón, no sabrá cómo manejarse en medio del cuerpo de Cristo y no podrá mantener una unidad de la cual no forma parte (Ro. 8:9).

Esto, en definitiva, nos hace ver que cuando Dios nos manda a mantener la unidad, la única forma de hacerlo es siendo espirituales y guardando su Palabra en nuestros corazones (Jn. 17:21). Si solo hay un Espíritu con el cual fuimos llenados, entonces, al andar en Él, estaremos haciendo todo lo posible para que la iglesia se conserve en unidad. Por eso debemos procurar ser llenos del Espíritu de Dios.

Hermanos, todo lo que necesitamos para la vida de la piedad se nos ha concedido por la gracia de Dios. Crear la unidad no es una cuestión humana ni depende de nosotros; depende del Espíritu Santo que mora en nosotros, pues Él ya hizo la obra. Lo que nos toca a cada creyente es esforzarnos para que esta unidad no se rompa; actuando cada uno de nosotros en total dependencia de Dios, se logrará esta unidad.